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EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

1. CANTO DE ENTRADA

ALTISIMO SEÑOR, QUE SUPISTE JUNTAR

A UN TIEMPO EN EL ALTAR

SER CORDERO Y PASTOR,

QUISIERA CON FERVOR AMAR Y RECIBIR

A QUIEN POR MI QUISO MORIR.

Cordero divinal por nuestro sumo bien

inmolado en Salén, en tu puro raudal

de gracia celestial, lava mi corazón,

que fiel te rinde adoración.

2. ACTO PENITENCIAL

Abramos nuestros corazones al amor de Dios, reconociendo que no siempre correspondemos a él con nuestro amor a los hermanos.

-Tú, que amas a los pecadores:

Señor, ten piedad.

-Tú, que te haces presente entre los pobres:

Cristo, ten piedad.

-Tú, que das la vida por todos los hombres:

Señor, ten piedad.

Dios, Padre que nos ama, tenga misericordia...

3. PRIMERA LECTURA

Esta es la sangre de la alianza que el Señor

ha hecho con ustedes.

Lectura del libro del Exodo 24, 2-8

En aquellos días, Moisés bajó del monte Sinaí y
refirió al pueblo todo lo que el Señor le había dicho y los mandamientos que le había dado. Y el pueblo contestó a una voz: «Haremos todo lo que dice el Señor».

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano, construyó un altar al pie del monte y puso al lado del altar doce piedras conmemorativas, en representación de las doce tribus de Israel. Después mandó a algunos jóvenes israelitas a ofrecer holocaustos e inmolar novillos, como sacrificios pacíficos en honor del Señor. Tomó la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramó sobre el altar la otra mitad. Entonces tomó el libro de la alianza y lo leyó al pueblo y el pueblo respondió: «Obedeceremos. Haremos todo lo que manda el Señor».

Luego Moisés roció al pueblo con la sangre, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las palabras que han oído».

Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor

4. SALMO RESPONSORIAL

(Se sugiere cantar el siguiente estribillo)

R.- CANTARE ETERNAMENTE

LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR;

ANUNCIARE SU FIDELIDAD

POR TODAS LAS EDADES

¿Cómo le pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Levantaré el cáliz de la salvación

e invocaré el nombre del Señor. R.

A los ojos del Señor es muy penoso

que mueran sus amigos

De la muerte, Señor, me has librado,

a mí, tu esclavo e hijo tu esclava. R.

Te ofreceré con gratitud un sacrificio

e invocaré tu nombre.

Cumpliré mis promesas al Señor

ante todo su pueblo. R.

5. SEGUNDA LECTURA

La sangre de Cristo purificará nuestra conciencia.

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15

Hermanos: Cuando Cristo se presentó como sumo
sacerdote que nos obtiene los bienes definitivos, penetró una sola vez y para siempre en el «lugar santísimo», a través de una tienda, que no estaba hecha por mano de los hombres, ni pertenecía a esta creación. No llevó consigo sangre de animales, sino su propia sangre, con la cual nos obtuvo una redención eterna.

Porque si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y las cenizas de una ternera, cuando se esparcían sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, para servir al Dios vivo!

Por eso, Cristo es el mediador de una alianza nueva. Con su muerte hizo que fueran perdonados los delitos cometidos durante la antigua alianza, para que los llamados por Dios pudieran recibir la herencia eterna que él les había prometido.

Palabra de Dios.

R. Te alabamos, Señor

6. SECUENCIA

Al Salvador alabemos,

que es nuestro pastor y guía.

Alabémoslo con himnos

y canciones de alegría.

Alabémoslo sin límites

y con nuestras fuerzas todas;

pues tan grande es el Señor,

que nuestra alabanza es poca.

Gustosos hoy aclamamos

a Cristo, que es nuestro pan,

pues él es el pan de vida,

que nos da vida inmortal.

Doce eran los que cenaban

y les dio pan a los doce.

Doce entonces lo comieron,

y, después, todos los hombres.

Sea plena la alabanza

y llena de alegres cantos;

que nuestra alma se desborde

en todo un concierto santo.

Hoy celebramos con gozo

la gloriosa institución

de este banquete divino,

el banquete del Señor.

Esta es la nueva Pascua,

pascua del único Rey,

que termina con la alianza

tan pesada de la ley.

Esto nuevo, siempre nuevo,

es la luz de la verdad,

que sustituye a lo viejo

con reciente claridad.

En aquella última cena

Cristo hizo la maravilla

de dejar a sus amigos

el memorial de su vida.

Enseñados por la Iglesia,

consagramos pan y vino,

que a los hombres nos redimen,

y dan fuerza en el camino.

Es un dogma del cristiano

que el pan se convierte en carne,

y lo que antes era vino

queda convertido en sangre.

Hay cosas que no entendemos,

pues no alcanza la razón;

mas si las vemos con fe,

entrarán al corazón.

Bajo símbolos diversos

y en diferentes figuras,

se esconden ciertas verdades

maravillosas, profundas.

Su sangre es nuestra bebida;

su carne, nuestro alimento;

pero en el pan o en el vino

Cristo está todo completo.

Quien lo come no lo rompe,

no lo parte ni divide;

él es el todo y la parte;

vivo está en quien lo recibe.

Puede ser tan sólo uno

el que se acerca al altar,

o pueden ser multitudes:

Cristo no se acabará.

Lo comen buenos y malos,

con provecho diferente;

no es lo mismo tener vida

que ser condenado a muerte.

A los malos les da muerte

y a los buenos les da vida.

¡Qué efecto tan diferente

tiene la misma comida!

Si lo parten, no te apures;

sólo parten lo exterior;

en el mínimo fragmento

entero late el Señor.

Cuando parten lo exterior

sólo parten lo que has visto;

no es una disminución

de la persona de Cristo.

El pan que del cielo baja

es comida de viajeros.

Es un pan para los hijos.

¡No hay que tirarlo a los perros!

Isaac, el inocente,

es figura de este pan,

con el cordero de Pascua

y el misterioso maná.

Ten compasión de nosotros,

buen pastor, pan verdadero.

Apaciéntanos y cuídanos

y condúcenos al cielo.

Todo lo puedes y sabes,

pastor de ovejas, divino.

Concédenos en el cielo

gozar la herencia contigo. Amén.

 

7. ALELUYA

R. Aleluya, Aleluya.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre

R. Aleluya. Aleluya.

8. EVANGELIO

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

@ Lectura del santo Evangelio según San

Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de la fiesta de los panes Azimos,
cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» El les dijo a dos de ellos: «Vayan a la ciudad. Encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entre: «El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» El les enseñará una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárenos allí la cena». Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dió a sus discípulos, diciendo: «Tomen: esto es mi cuerpo». Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dió, todos bebieron y les dijo: «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios».

Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos.

Palabra del Señor.

R. Gloria a Ti, Señor Jesús

9. CREDO

¿Creen ustedes en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra? -Sí, creo.

¿Creen en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de la Virgen María, padeció y murió por nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre? -Sí, creo.

¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna? -Sí, creo.

Esta es nuestra fe, es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo nuestro Señor. -Amén.

10. ORACION DE LOS FIELES

Jesús da la vida "por todos los hombres". Por eso nuestra comunión con él es comunión con todos. Oremos por las necesidades de la humanidad entera.

Responderemos: Te lo pedimos, Señor.

- Para que la Iglesia de Jesucristo, extendida por todo el mundo, crezca en la comunión con el Señor, pobre y humilde y que da la vida. Oremos.

- Para que el amor que hoy celebramos lo podamos ver concretado en nuestro propio amor a los más pobres, a los que viven solos, a los enfermos, a los ancianos, a los marginados. Oremos.

- Para que la entrega de Jesucristo por todos los hombres nos estimule a ser solidarios con los pueblos que sufren hambre, guerras y opresiones. Oremos.

- Para que todos los niños que estos días reciben por vez primera la Eucaristía, encuentren en nosotros unos testigos humildes y sinceros del compromiso que supone la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Oremos.

Acoge, Padre, nuestra oración. Te pedimos que todos vivamos en comunión de vida y de amor contigo y con nuestros hermanos, como nos enseñó Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

11. CANTO DE OFERTORIO

CARIDAD Y COMPRENSION, ALELUYA

Y VERDAD EN EL AMOR, ALELUYA.

Entusiasmo en la acción, aleluya.

Alegría en la unión, aleluya.

Allá queremos llegar, aleluya,

para las almas ganar, aleluya.

Nuestra entrega debe ser, aleluya,

un canto del corazón, aleluya.

12. CANTO DE COMUNION

Cantemos al amor de los amores,

cantemos al Señor; Dios esta aquí,

venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor.

GLORIA A CRISTO JESUS.

CIELOS Y TIERRA BENDECID AL SEÑOR,

HONOR Y GLORIA A TI, REY DE LA GLORIA

AMOR POR SIEMPRE A TI,

DIOS DEL AMOR.

Por nuestro amor oculta en el Sagrario

su gloria y esplendor;

para nuestro bien se queda en el santuario

esperando al justo y pecador.

Oh gran prodigio del amor divino,

milagro sin igual;

prenda de amistad banquete al peregrino

dó se come el cordero celestial.

Jesús piadoso Rey de las victorias

a ti loor sin fin;

canten tu poder, autor de nuestras glorias,

cielos y tierra hasta el último confín.

Tu nombre ensalzamos y alabamos,

con toda nuestra voz;

¡Rey de Majestad,

por siempre te aclamamos,

y Señor de las almas, Cristo Dios!

13. CANTO FINAL

Bendice, bendice,

bendice alma mía

Bendice, bendice,

bendice al Señor

 

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