
23º DOMINGO ORDINARIO
1. CANTO DE ENTRADA
Al reunirnos en nombre del Señor,
Cristo está entre de nosotros.
Vamos a oir la Palabra del Señor
nuestra fuerza y salvación.
2. acto penitencial
Convocados por Jesucristo,
reunidos como comunidad, atentos unos a otros, pidamos en silencio la gracia
y la misericordia de Dios.
- Tú, que cuidas amorosamente de todos los hombres:
Señor, ten piedad.
- Tú, que eres el amor y la fuente de todo perdón:
Cristo, ten piedad.
- Tú, que nos reúnes como hermanos:
Señor, ten piedad.
3. GLORIA
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo, sólo tú, Señor,
sólo tú, Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre. Amén.
4. ORACION colecta
Señor, que te has dignado
redimirnos y hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que
cuantos creemos en Cristo, obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo... Amén.
5. PRIMERA LECTURA
Reunidos aquí por Jesucristo, vamos a escuchar
ahora la llamada que Dios hace a su profeta. La responsabilidad que le encarga,
nos la encarga también a cada uno de nosotros para con nuestros hermanos.
Lectura del libro del profeta Ezequiel
33, 7-9
E sto
dice el Señor: «A ti, hijo de hombre, te he
constituido centinela para la casa de Israel.
Cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás de mi parte.
Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un
hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino,
el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida.
En cambio, si tú lo amonestas para que deje
su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu
vida».
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
6. SALMO RESPONSORIAL
(Puede cantarse)
R. El Señor es mi Pastor,
nada me puede faltar.
Vengan, lancemos vivas al Señor,
aclamemos al Dios que nos salva.
Acerquémonos a él, llenos de júbilo,
y démosle gracias. R.
Vengan, y puestos de rodillas,
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo,
él nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
R.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
«No endurezcan su corazón,
como el día de la rebelión en el desierto,
cuando sus padres dudaron de mí,
aunque habían visto mis obras». R.
7. SEGUNDA LECTURA
Siguiendo con lo que leíamos el domingo anterior,
san Pablo nos habla de las exigencias de la salvación que hemos recibido.
¿En qué se resumen esas exigencias? Escuchémoslo.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los Romanos 13, 8-10
H ermanos:
No tengan con nadie otra deuda
que la del amor mutuo, porque el que ama al
prójimo, ha cumplido ya toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan:
«No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio,
no codiciarás» y todos los otros, se resumen en éste: «Amarás a tu prójimo como
a ti mismo», pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues,
cumplir perfectamente la ley consiste en amar.
Palabra de Dios. R. Te alabamos,
Señor.
8. ACLAMACION
R. Aleluya, aleluya
Dios ha reconciliado consigo al mundo,
por medio de Cristo, y nos ha encomendado
a nosotros el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya, aleluya
9. EVANGELIO
@ Lectura
del santo Evangelio según san
Mateo
R/ Gloria a Ti, Señor.
18, 15-20
E n
aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Si tu hermano comete un pecado, ve y
amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace
caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste
por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad;
y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un
publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra,
quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado
en el cielo.
Yo les aseguro también, que si dos de ustedes
se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se
lo concederá; pues donde dos o tres se reunen en mi nombre, ahí estoy yo en
medio de ellos».
Palabra del Señor.
R. Gloria a Ti, Señor Jesús.
10. Profesion de Fe
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso.
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo
único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero
de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación
bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María,
la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos
de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según
las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y
de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá
fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor
y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón
de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo
futuro. Amén.
11. ORACION DE
LOS FIELES
Nos ha dicho Jesús: «Si
dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre
celestial se lo concederá». Por eso nosotros, con entera confianza, con
amor, oramos a Dios.
Diciendo: Escúchanos, Padre.
1.- Para que la Iglesia en todo el
mundo avance cada vez más en formas de vida y de gobierno comunitarias, corresponsables,
evangélicas. Oremos.
2.- Para que las diferentes comunidades
cristianas progresen en la ayuda mutua, la cooperación misionera y la corrección
fraterna. Oremos.
3.- Para que en estos tiempos de dificultades
económicas, todos tengamos muy presentes a los más necesitados y busquemos
formas de ayudarles. Oremos.
4.- Para que la ONU y demás instituciones
internacionales consigan aumentar su autoridad e influencia en la solución
de los conflictos entre naciones y pueblos. Oremos.
5.- Para que todos los que nos hemos
reunido en esta celebración sintamos más que el Señor está entre nosotros
y nos abramos a su amor. Oremos.
Escucha, Padre, lo que
te hemos pedido por nosotros y por todos los hombres. Lo pedimos en nombre de
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
12. CANTO DE
OFERTORIO
Que nos conduzca la Iglesia
por tus senderos, Señor
que los obispos y el Papa
nos encaminen a Ti.
TE LO PEDIMOS, OYENOS SEÑOR.
13. CANTO DE COMUNION
CERCA DE TI, SEÑOR,
YO QUIERO ESTAR
TU GRANDE, ETERNO AMOR,
QUIERO GOZAR.
LLENA MI POBRE SER,
LIMPIA MI CORAZON;
HAZME TU ROSTRO VER
EN LA AFLICCION.
Mi pobre corazón inquieto está,
por esta vida voy buscando paz;
más sólo tú Señor, la paz me puedes dar;
cerca de tí, Señor, yo quiero estar.
Pasos inciertos doy, el sol se va;
mas si contigo estoy no temo ya.
Himnos de gratitud alegre cantaré,
y fiel a Tí, Señor, siempre seré.
Día feliz veré creyendo en Tí,
en que yo habitaré cerca de Tí.
Mi voz alabará tu santo nombre, allí,
y mi alma gozará cerca de Tí.
14. CANTO FINAL
DIOS ESTA AQUI, QUE HERMOSO ES,
EL LO PROMETIO, DONDE HAY DOS O TRES.
SEPTIEMBRE: «MES DE LA BIBLIA»
CANON, Escritos canónicos: Atendiendo
su significado etimológico original la palabra canon designa la caña o vara
de medir. De ahí pasó a significar norma de conducta y también lista
de esas normas o de los documentos que contienen dichas normas. En este último
sentido, sobre todo, se utiliza la palabra «canon» en la terminología eclesial.
El canon bíblico es, pues, la lista de libros sagrados que componen la
Biblia. Una lista que, según la Iglesia católica, comprende setenta y cuatro
libros (cuarenta y siete para el AT y veintisiete para el NT). Las comunidades
protestantes, siguiendo la tradición del judaísmo palestinense, eliminaron siete
libros de la lista/canon del AT (Bar, Tob, Jdt, Eclo, Sab, 1-2 Mac) considerándolos
como «apócrifos». La Iglesia católica por su parte, los considera sagrados y
los denomina «deuterocanónicos», es decir, incorporados en un segundo momento,
pero con la misma autoridad, a la lista de libros sagrados.
La tradición judía formó su lista de libros
sagrados tomando como punto de referencia la autoridad de Moisés, de los profetas
y de otros insignes personajes de la historia de Israel. La vinculación de una
serie de libros con estos personajes, con las más antiguas y sagradas tradiciones
de Israel, con el templo y el culto, hizo que fueran considerados como inspirados
por Dios y por tanto sagrados. Pero es preciso señalar que existió una doble
tradición judía al respecto: la tradición del judaísmo palestinense, seguida
siglos más tarde por las comunidades protestantes, que sólo consideró sagrados
cuarenta libros (es el llamado «canon corto»); y la tradición del judaísmo alejandrino
que admitió también como sagrados los siete libros denominados posteriormente
deuterocanónicos (es el llamado «canon largo»). Esta última lista/canon fue
la aceptada por las primeras comunidades cristianas y la declarada como
única válida por la Iglesia católica en el Concilio de Trento.
En cuanto a la formación de la lista de los
libros sagrados del NT, no todos los escritos del cristianismo naciente fueron
considerados inspirados y normativos para la Iglesia y por tanto incluidos en
el canon del NT. Algunos escritos, como la Didajé o la carta de Clemente a los
corintios, compuestos en la última década del siglo I d. C., y de contenido
netamente cristiano, no fueron, sin embargo, tenidos como inspirados. Sólo veintisiete
escritos pasaron a formar parte del canon/lista de libros sagrados en un lento
proceso de aceptación que duró hasta bien entrado el siglo IV d. C. y en el
que podemos distinguir varias etapas. Durante el siglo I d. C. la tradición
de Jesús y de los apóstoles constituyó el «canon vivo». El evangelio de Jesucristo
era el criterio para distinguir entre la verdadera y la falsa fe. En el siglo
II d. C. se fueron formando colecciones de escritos a los que se confería una
cierta autoridad dentro de las iglesias. Pero fue en el siglo III d. C. cuando
se completó el canon y se dio al conjunto de estos escritos el nombre de Nuevo
Testamento reconociendo su carácter sagrado y normativo para la vida de la Iglesia.
Los criterios utilizados para determinar
el canon del NT fueron tres. En primer lugar su apostolicidad, es
decir, el origen apostólico de un escrito, el cual se determinaba por el hecho
de que hubiera sido compuesto por un apóstol o por alguno de sus colaboradores.
En segundo lugar la conformidad de los escritos con la tradición viva de la
Iglesia, es decir, su ortodoxia. Finalmente, un criterio de gran importancia
fue la utilización de los escritos en la lectura pública en un amplio
número de comunidades.
PALESTINA. Entre los distintos nombres
que recibe el país de la Biblia (tierra de Israel, Canaán, tierra santa, tierra
prometida) el más común, especialmente en los ambientes no judíos, es el de
Palestina. El nombre de Palestina procede del vocablo «pelistim» (=filisteos)
y empezó a generalizarse a partir de la época bizantina. La geografía física
de Palestina está formada por cuatro zonas geográficas que la recorren de norte
a sur: la zona costera del Mediterráneo, el altiplano o cadena montañosa central,
el valle del Jordán, y la meseta transjordánica.
La zona costera está dividida en dos
partes por el monte Carmelo: la parte norte corresponde prácticamente a lo que
era la antigua Fenicia, y la parte sur corresponde a la llanura del Sarón y
al país de los filisteos. La costa mediterránea es rectilínea, sin salientes
capaces de formar puertos naturales.
El altiplano o cadena montañosa central se
divide de norte a sur en tres secciones correspondientes a las tres clásicas
provincias: montaña de Galilea; montaña de Samaria, con las dos cimas del Ebal
y el Garizín, y la montaña de Judea. En esta cadena montañosa central se encuentran
las ciudades más importantes del AT y NT: Nazaret, Meguido, Samaría,
Siquén, Siló, Betel, Gabaón, Guibeá, Jerusalén, Belén, Hebrón
y Berseba.
El valle del Jordán, a través del cual
fluye el río del mismo nombre, constituye la depresión más profunda de toda
la corteza terrestre (400 metros bajo el nivel del mar en la región del mar
Muerto). A su paso por el valle, el río Jordán forma tres lagos o mares: el
lago Hule o Merón, el lago de Tiberíades o mar de Galilea (también llamado
lago de Genesaret), y el mar Muerto, en el que desemboca. En torno al lago de
Tiberíades o de Genesaret, principal escenario en el que Jesús de Nazaret proclamó
su mensaje, se encuentran las célebres ciudades de Cafarnaún, Corozaín,
Betsaida, Magdala, etc. Poco antes de desembocar en el mar Muerto,
el Jordán pasa cerca de Jericó.
La meseta transjordánica está
atravesada horizontalmente por los ríos Yarmuc, Yaboc, Amón y Jasa que de norte
a sur dan lugar a las regiones de Basán, Galaad, Amón, Moab y Edom.
Para señalar las fronteras norte y sur de Palestina la Biblia
ha acuñado la expresión desde Dan hasta Berseba (Jue 20 1); unos 240
km en línea recta y una extensión total de unos 25.000 km2 que hacen
de Palestina un país de muy reducidas dimensiones.
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