
4º DOMINGO DE ADVIENTO
1. CANTO DE ENTRADA
AmEmonos de corazOn,
no de labios ni de oídos. (2)
Para cuando Cristo venga, (2)
nos encuentre bien unidos. (2)
2. acto penitencial
Pongámonos ahora en silencio
ante el Señor. Pidámosle que se abra el cielo y descienda sobre nosotros su
gracia, su amor, su perdón.
- Jesús, hermano de los hombres, que vienes
para fortalecer a tu pueblo y para abrir un camino nuevo en nuestra vida: Señor,
ten piedad.
- Mesías esperado, que vienes para dar la Buena
Noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, para anunciar la
libertad a los cautivos: Cristo, ten piedad.
- Hijo de Dios, que vienes para realizar todas
las esperanzas de los hombres: Señor, ten piedad.
3. ORACION colecta
Derrama, Señor, tu gracia
sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de
tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo... Amén.
4. PRIMERA LECTURA
Escucharemos en el evangelio de hoy el anuncio
de que Dios dará al hijo de María «el trono de David su padre, y su reino
no tendrá fin». Por ello, ahora, en primer lugar, leemos la profecía que Dios
hizo a David y que se cumplió en Jesús: «Tu casa y tu reino permanecerán para
siempre».
Lectura del segundo libro de Samuel
7, 1-5. 8-12. 14. 16
T an
pronto como el rey David se instaló en su
palacio y el Señor le concedió descansar de
todos los enemigos que lo rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: «¿Te has dado
cuenta de que yo vivo en una mansión de cedro, mientras el arca de Dios sigue
alojada en una tienda de campana?» Natán le respondió: «Anda y haz todo lo que
te dicte el corazón, porque el Señor está contigo».
Aquella misma noche habló el Señor a Natán y
le dijo: «Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: ¿Piensas
que vas a ser tú el que me construya una casa para que yo habite en ella? Yo
te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe
de mi pueblo, Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas, acabaré con
tus enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.
Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo
plantaré allí para que habite en su propia tierra. Vivirá tranquilo y sus enemigos
ya no lo oprimirán más, como lo han venido haciendo desde los tiempos en que
establecí jueces para gobernar a mi pueblo, Israel. Y a ti, David, te haré descansar
de todos tus enemigos.
Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré
una dinastía; y cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con
tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino.
Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán
para siempre ante mí y tu trono será estable eternamente».
Palabra de Dios. R. Te alabamos,
Señor.
5. SALMO RESPONSORIAL
(Puede cantarse)
R. Alma mIa, recobra tu calma,
que el Señor es bueno contigo.
Alma mIa, recobra tu calma,
que el Señor escucha tu voz.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor
y daré a conocer que su fidelidad es eterna,
pues el Señor ha dicho: «Mi amor es para siempre
y mi lealtad, más firme que los cielos. R.
Un juramento hice a David, mi servidor,
una alianza pacté con mi elegido:
Consolidaré tu dinastía para siempre
y afianzaré tu trono eternamente. R.
El me podrá decir: «Tú eres mi padre,
el Dios que me protege y que me salva.
Yo jamás le retiraré mi amor,
ni violaré el juramento que le hice». R.
6. SEGUNDA LECTURA
El Niño cuyo nacimiento nos disponemos a celebrar,
es la «revelación del misterio» de Dios. Nos lo recuerda este fragmento de
una carta de san Pablo.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los Romanos
16, 25-27
H ermanos:
A aquel que puede darles fuerzas
para cumplir el Evangelio que yo he procla-
mado, predicando a Cristo, conforme a la revelación del misterio, mantenido
en secreto durante siglos, y que ahora, en cumplimiento del designio eterno
de Dios, ha quedado manifestado por las Sagradas Escrituras, para atraer a todas
las naciones a la obediencia de la fe, al Dios único, infinitamente sabio, démosle
gloria, por Jesucristo, para siempre. Amén.
Palabra de Dios. R. Te alabamos,
Señor.
7. ACLAMACION
R. Aleluya, aleluya
Yo soy la esclava del Señor;
que se cumpla en mí lo que me has dicho.
R. Aleluya, aleluya
8. EVANGELIO
@ Lectura
del santo Evangelio según san Lucas
R/ Gloria a Ti, Señor.
1, 26-38
E n
aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado
por Dios a una ciudad de Galilea, llamada
Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado
José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella
se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has
hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás
por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor
Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob
por los siglos y su reinado no tendrá fin».
María le dijo entonces al ángel: «¿Cómo podrá
ser esto, puesto que yo permanezco virgen?» El ángel le contestó: «El Espíritu
Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.
Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes
a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va
en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios».
María contestó: «Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho».
Y el ángel se retiró de su presencia.
Palabra del Señor. R. Gloria a Ti,
Señor Jesús.
9. Profesion de Fe
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso.
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo
único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero
de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación
bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María,
la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos
de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según
las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y
de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá
fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor
y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón
de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo
futuro. Amén.
10. ORACION DE
LOS FIELES
Ante las fiestas que se
acercan, atentos a las necesidades de todos los hombres, dirijamos nuestra oración
al Señor.
Diciendo: Ven, Señor Jesús.
1.- Por todos los cristianos, para
que las próximas celebraciones de Navidad nos acerquen más a Dios y a los
demás hombres. Oremos.
2.- Por aquellos que se sienten tristes
y vacíos porque nada esperan, porque nada tienen, para que por medio de las
demás personas descubran motivos de vida y de alegría, descubran el amor siempre
presente de Dios. Oremos.
3.- Por toda nuestra sociedad, nuestro
país, toda la humanidad, para que todas las palabras de amor, fraternidad
y paz que se pronuncian estos días, no sean sólo palabras, sino hechos y firmes
propósitos en nosotros. Oremos.
4.- Por todos nosotros, para que la
preparación de esta Navidad, de la fiesta en casa o con los amigos, los obsequios
intercambiados, las felicitaciones, la ilusión de los niños... nos ayude a
recibir al Señor que viene. Oremos.
5.- Por todos los hombres de buena
voluntad que, unidos a los creyentes, quieran celebrar el Tercer Milenio de
la era cristiana, para que pongan en Jesucristo Dios y hombre verdadero, el
fundamento de toda su existencia y así se acerquen a la fe. Oremos.
Ven, Señor Jesús. El mundo
espera tu venida, el mundo anhela el calor de tu presencia. Enciende en el corazón
de todos los hombres la llama de tu amor para que, como María, sepamos recibirte
con un espíritu renovado. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
11. CANTO DE OFERTORIO
VEN, SEÑOR DE LA JUSTICIA
VEN, JESUS
NUESTRA ESPERANZA (2)
Una voz proclama en el yermo:
Preparad los caminos a Dios;
Su Verbo proclama su Gloria
y aquéllos que creen la verán
12. CANTO DE COMUNION
Ven, ven, Señor, no tardes;
ven, ven, que te esperamos:
ven, ven, Señor, no tardes;
ven, pronto, Señor.
El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor;
los hombres no son hermanos
el mundo no tiene amor.
Envuelto en sombría noche
el mundo sin paz no ve,
buscando va una esperanza,
buscando, Señor tu fe.
Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo,
al mundo le faltas Tú.
13. CANTO FINAL
TU eres el Dios que nos salva
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija. (2).
EL SUEÑO DE MARIA
Tuve un sueño, José,
pero no pude comprender bien de qué se trataba,
me parece que se trataba del nacimiento
de nuestro hijo.
Sí, era acerca de esto.
La gente estaba haciendo preparativos con
cuatro semanas de anticipación. Adornaban sus casas con papeles de colores
brillantes, estrenaban ropa, salían de compras muchas veces y adquirían
numerosos regalos -que no eran para nuestro hijo- los envolvían en hermosos
papeles y los ataban con precisos moños y los ponían debajo de un árbol.
Si, un árbol, José, adentro de sus casas.
Un árbol decorado, con sus ramas llenas de esferas y gran número de adornos,
unos que despedían una luz encantadora. En la punta más alta del árbol había
una figura. Me parecía una estrella o un ángel ¡Oh! era verdaderamente hermoso.
Todos estaban felices y sonrientes, emocionados
por los regalos que se daban unos a otros, pero, José, no quedó ninguno
para nuestro hijo.
Sabes, creo que no lo conocen, pues nunca
mencionaron su nombre.
¿No te parece extraño que la gente se meta
en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera
conoce?
Tuve la extraña sensación de que si nuestro
hijo hubiera estado en esa fiesta hubiese sido un extraño solamente.
Para esa gente el ambiente era «hermoso»
y todo el mundo se veía feliz; pero sentí enormes ganas de llorar.
¡Qué tristeza para Jesús, no querer ser
deseado en su propia fiesta de cumpleaños, ni haber allí para él un pequeño
lugar!
Estoy contenta porque sólo fue un sueño. Pero qué terrible,
José, si eso hubiese sido realidad.
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