
Apostoloteca virtual
LITURGIAMANUAL
DEL SACRISTAN
2. PREPARAR LO NECESARIO
PARA LAS CELEBRACIONES:
La función del sacristán es tener a tiempo todo lo
necesario para la celebración: incienso, misal, vinajeras, cáliz,
hostias, vestiduras, etc. Mantener limpios los candeleros, floreros,
velas, vasos sagrados, manteles, etc. Tener velas siempre disponibles
y agua bendita de reserva, así como carbón, cuaderno y pluma. Encender
la velas y disponer de lo necesario en el presbiterio: manteles en,
el altar, Biblia en el ambón, sillas donde se necesiten, flores, Etc.
Con limpieza, que es
el «lujo de los pobres». Lo más práctico no es lo más fácil, sino
lo que logra mejor su finalidad, aunque cuesta más trabajo o lleve
más tiempo. Que los signos sean verdaderos, no fingidos ni superficiales.
Con sencillez y con respeto, pues se trata de cosas sagradas. Con
puntualidad. La celebración es un momento cumbre y fuente de toda
la vida cristiana y apostólica
Sobre todo para los
tiempos fuertes (Cuaresma, Pascua, Navidad y Adviento) las
fiestas principales del lugar, debe estar preparado desde con tiempo
para ver todo lo que se necesite. Veamos las cosas necesarias más
importantes:
2.1 Materia
de los sacramentos:
a)
El pan:
Las hostias se hacen
con harina de trigo integral, sin levadura, amasadas con agua pura,
sin colorantes, ni azúcar, sal, manteca, miel, etc.
Se prefiere la forma
redonda como signo de unidad y perfección, decía San Gregorio Magno
que es la corona de la oblación del universo
(Diálogos, IV, 54).
Se
confeccionan en oración; igualmente cuando deben recortarse para adaptarse
al viril de la custodia. Es la materia para la Eucaristía. De ordinario
se les graba algún símbolo eucarístico, y algunas marcas para la fracción.
Las normas actuales piden de preferencia una sola hostia para la comunión
del presidente y los fieles. La grande debe tener señales para varios
fragmentos, con unos 15 o 20 centímetros de diámetro.
Deben
usarse las recientemente hechas, para evitar corrupción o endurecimiento
(un promedio de 20 días o al máximo un mes).
No conviene dar a los
niños que aún no comulgan una hostia después de Misa para contentarlos;
preferible darles pan de las ofrendas, o tener recortes
de oblea.
b) El vino:
El vino debe ser puro
de uva naturalmente fermentada, no mosto. Algunos prefieren el vino
blanco como signo de pureza y porque es más fácil de limpiar; otros
prefieren el vino tinto por el color de la sangre porque expresa mejor
la Sangre de Cristo y porque se puede distinguir mejor del agua al
servirlo.
Se pide que la botella
tenga copia de un documento donde conste la autorización eclesiástica
para su uso en la Eucaristía. Que el alcohol natural no pase del 8%.
Se conserva en un lugar fresco y seguro.
Si está avinagrado,
ya no se use. El que sobra en las vinajeras ya no se regrese a la
botella o garrafa.
c) El agua:
Consérvese agua natural
y potable. Que no sea producto de destilación; aunque alcalina, acídula
o gaseosa. Hoy se facilita con al agua embotellada.
d) Incienso:
El incienso significa
oración, sacrificio y reverencia. De preferencia que sea incienso
puro (goma olibanum) de aroma suave a con poco aditivo (mirra,
bálsamo, cáscara de naranja, canela).
Se puede usar en todas
las Misas (entrada, Evangelio, ofrendas, Consagración). Obliga
en la exposición eucarística solemne, en la dedicación, y en la despedida
del cadáver en las exequias. Conviene en las procesiones litúrgicas,
así como Laudes y Vísperas solemnes. De costumbre se use carbón natural;
sólo excepcionalmente se usen las pastillas de carbón.
e) Santos Oleos:
En el Presbiterio hay
un lugar propio, como Sagrario, para guardarlos. No se enciende lámpara
delante, pues no es presencia eucarística.
Las crismeras ministeriales
para uso de los sacerdotes conviene que tengan suficiente Oleo, del
año, con algodón, y estén en lugar seguro.
Los Oleos deben renovarse
cada año en la Misa Crismal. Por consiguiente, los Oleos del año anterior
se queman o se colocan en lámparas de la iglesia. Las ánforas se hierven,
se limpian con limón o alcohol. El algodón se quema y las cenizas
se echan en la piscina.
2.2 Objetos
litúrgicos:
a)
Las velas:
La luz en el altar es
símbolo de la luz divina, de la presencia de los ángeles, y de la
fiesta por la obra salvadora de Cristo.
Las
velas deben ser de cera. No artificiales, ni de parafina, ni veladoras.
Menos aún eléctricas o de gas. Otras materias servirán para iluminar
la iglesia, pero no para ser signos en el altar. La Iglesia quiere
excluir toda inmundicia de sus celebraciones, y por eso usa los dos
combustibles más puros: para las velas la cera de abeja virgen; y
para la lámpara del Santísimo el aceite de oliva.
Conviene
acomodarlas cerca del altar, en forma simétrica, aunque depende de
la forma y estructura del lugar. Se les pone capitel, de la medida
de la vela, para evitar que la cera caiga y manche. Cuando hay corriente
de aire, pueden ponerse protectores de cristal transparente (bombillas).
Se limpian regularmente.
Se
usan dos velas en los días ordinarios de feria y las memorias; cuatro
en las fiestas y domingos ordinarios; seis en las solemnidades, los
domingos de tiempos fuertes y en otras celebraciones importantes;
y siete en la Misa del obispo.
Las
velas se encienden con una candela; es más digno que los cerillos
o el encendedor. Se sujeta a una varilla curvada ligeramente en su
extremo, para encender las velas altas y el Cirio Pascual.
Para
encender las velas hace reverencia al altar, o genuflexión si al centro
está el Santísimo, y comienza a encenderlas, primero al lado derecho
y luego al izquierdo, sin estirarse sobre el altar ni sobre las velas
ya encendidas, del interior hacia el exterior.
Para
apagarlas, empieza por el lado izquierdo, y del exterior hacia el
interior. Procura tener un capuchón, que puede estar fijo a un mástil
curvado en el extremo, para apagar las velas. No se trata de oprimir,
sino sólo de sofocar la flama. Debe comprobar que no se ha dejado
encendido el Cirio Pascual.
Los
candeleros pueden ser de plata, cobre, bronce, latón, madera u otra
materia decente; pero que no sean de mejor calidad que los vasos sagrados.
Su colocación depende de la estructura del presbiterio. Formen un
todo armónico, eviten mezcla de estilos, sino busquen afinidad con
el altar. Que no obstaculicen la visibilidad del altar.
Conviene
limpiar los candeleros de la cera que desechan y cae, y procurar que
tengan la mecha chica. Los candeleros se limpian en agua caliente
para quitar la cera y luego se pulen. Conviene que estén limpios al
meterse a la bodega; así al sacarlos basta con sacudirlos.
Debe haber cera de reserva
para imprevistos y para repuesto normal. Es fácil hacer sus propias
velas en cada lugar. Para la Candelaria, la Vigilia Pascual y las
peregrinaciones se requieren en abundancia.
b) Campanillas:
Para invitar al recogimiento
y oración, advertir el momento de la Consagración, expresar el júbilo
religioso por la presencia del Señor. Conviene tener series de diverso
sonido para las procesiones eucarísticas, sobre todo la de Corpus,
o durante el Gloria de la Misa de Gallo en Navidad o de la Vigilia
Pascual. Que el sonido no llegue a turbar la oración o molestar el
oído de los participantes. No es muy conveniente tener una campana
grande para dar un toque a la epíclesis, consagración, procesión y
bendición eucarística, a menos que el templo sea muy grande.
c) Vinajeras:
Los recipientes para
contener el vino y el agua deben ser de vidrio, y de capacidad regular.
No de latón o cobre porque crean sarro, pues produce óxido con el
ácido del vino. No sean ni tan pequeñas que parezcan juguetes, ni
tan grandes que abunde materia para varios días.
d) Crucifijos e imágenes:
El Crucifijo, después
del altar, el ambón y el Sagrario, es el principal objeto del presbiterio.
Nos recuerda que en el altar se ofrece el mismo Sacrificio del Calvario.
No debe ser una Cruz
sin crucifijo, ni otras imágenes como el Resucitado o el Sumo Sacerdote.
No es para la devoción personal, sino anuncia que la Misa es el mismo
Sacrificio del Calvario. Por su colocación y visibilidad debe apreciarse
su relación al altar.
Debe ser grande y bien
visible. De preferencia fijo, para no estarse moviendo al exponer
el Santísimo Sacramento en el manifestador o al poner el adorno al
santo patrón.
En
cuanto a las imágenes, se prefiere la del Titular del templo. Antes
de colocarse, se bendicen, salvo las frágiles como yeso, barro, cromos.
Deben ser dignas, y de preferencia pocas. No hay norma acerca de su
material.
Que no sean raras ni
desacostumbradas (por su advocación, forma, indumentaria, o posibilidad
de inducir a error). Ni quitar todas las imágenes, pues el pueblo
necesita signos; pero tampoco saturar de ellas como si fuera museo
o altar de hechicero.
No debe haber dos imágenes
del mismo santo o de la misma advocación de la Virgen María en el
templo. No se exponen las de los Siervos de Dios no beatificados o
canonizados.
Tanto las imágenes como
los demás objetos litúrgicos, vestiduras y vasos sagrados pierden
la bendición si: pierden la forma primitiva, ya no son aptos para
su uso, de deshacen, tuvieron usos indecorosos, o fueron expuestos
a venta pública. Si no se rehacen, se queman y sus cenizas van a la
piscina o se sepultan; pero no se les da uso profano.
2.3 Lienzos:
a)
Manteles:
Los manteles se usan
al menos desde principios del siglo II, y presentan el altar como
la Mesa del Banquete eucarístico.
Pueden ser de cualquier
tela, que no sea resbalosa, de preferencia de lino blanco
por su blancura, limpieza y duración. Pueden tener o no adornos, pero
piden bendición antes de colocarse.
El mantel da presentación
digna al altar, por eso debe estar limpio y bien colocado. No sujetarlos
con aros o listones de madera o metal por fuera.
No conviene cubrir,
de ordinario, ciertas áreas con vidrio o plástico. Al terminar la
celebración se cubre con un sobremantel plástico.
b) Corporales:
Lienzos
cuadrados sobre los que descansa el Cuerpo de Cristo. Por eso se ha
comparado con el Santo Sudario.
De
preferencia sean de lino blanco y sin bordados (si acaso un encaje
angosto en la orilla). Antiguamente cubrían toda la mesa del altar.
Hoy conviene que tenga unos 50 cms. por lado, y se almidone sin hacerlo
muy tieso.
Se pliegan en nueve
secciones, de suerte que al desplegarse pueda trazarse el signo de
la Cruz. Al doblarse, se hace todo hacia el interior, de modo que
recoja los fragmentos del Cuerpo de Cristo; por eso no debe sacudirse,
ni girarse hacia afuera.
La primer lavada se
da igual que los purificadores. Donde se tienen bolsas de corporales
en forma de carpeta ricamada, conviene usarlas, pues mantienen limpio
el corporal, y detienen el cubrecáliz.
c) Palias:
Son piezas cuadradas
de lino para cubrir opcionalmente el cáliz. Deben coserse y descoserse
para lavarse o reponer el cartón recamado que cubre su parte superior.
Conviene que tengan un adorno que motive la piedad. Puede hacerse
del color litúrgico del día, y con motivos alusivos al tiempo litúrgico.
d) Purificadores:
Con ellos se enjuaga
el cáliz, los dedos y la boca del celebrante; de lino, o de una tela
absorbente y delgada; de preferencia de 20 x 30 cms., o de 30 x 40
cms., pues como se lavan con frecuencia, se desgastan.
Conviene bordarles una
cruz al centro para no confundirlos con manutergios. Se pliegan a
lo largo en 3 partes, y luego por la mitad. No se hacen de material
sintético no absorvente, ni se almidonan.
La primer lavada se
la da una religiosa si hay, o alguna persona encargada para ello,
procurando hacerlo en oración, y vaciando el agua a la piscina
o alguna maceta digna. Hay buenos detergentes para eliminar las manchas
de pintalabios.
2.4 Vasos Sagrados:
a)
Cálices y patenas:
Debe ser un vaso bello
digno de ser ofrecido, expresión de la majestad del Sacrificio de
Cristo, reservado exclusivamente para la Eucaristía.
Está hecho de material
digno y especialmente valioso. No un material absorvente o que fácilmente
se deteriore. El cristal y la cerámica son rompibles; la madera o
barro expresarían poca estima. No deben usarse vasos comunes; ni formas
de jarras o platones. Que se distingan de una copa o plato común.
Conviene dorarlas, al
menos el interior de la copa; tiene ventajas para la limpieza y la
salud.
Un sacerdote, dentro
de la Misa, al colocar las ofrendas, hace la consagración del cáliz
y la patena siguiendo el Ritual. Pierden la consagración si se inutilizaron,
la copa se separó, se perforó, se le dio un uso profano, se ofreció
en venta pública (aunque no se haya vendido).
Se prefiere la patena
honda al copón. Pero el Copón se usa donde hay mucha Comunión
y se requiere mucha Reserva. Su material debe ser igual o muy parecido
al cáliz: marfil, madera noble, cobre dorado; no plomo, ni cristal.
Puede tener la forma de cestillo o platón.
Para guardar las Especies
consagradas debe cerrarse bien y cubrirse con un velo de seda o dorado.
b) Relicarios y custodias:
Los recipientes para
llevar el Santísimo Sacramento a los enfermos tienen la misma dignidad
del Copón. Deben cerrar con seguridad y purificarse con facilidad.
Se guardan en una bolsa de seda, con un cordón para colgarse al cuello.
Conviene envolverse en un purificador.
La Custodia para la
exposición eucarística y la lúnula o viril para la Sagrada Forma son
el trono glorioso para la adoración de los fieles. Se han de guardar
con seguridad.
Para las cosas a preparar
en concreto para cada celebración y tiempo, véase el Apéndice 2.
Apostoloteca virtuál
|