
Apostoloteca virtual
LITURGIAMANUAL
DEL SACRISTAN
3. MANTENER EN ORDEN Y EN BUEN ESTADO LOS LOCALES
Y OBJETOS.
El templo es signo de la comunidad, y el sacristán
es el responsable de hacer que el signo sea expresivo y genere devoción
y compromiso. Por eso, el mantenimiento y el cuidado del inmueble
y los muebles está entre sus principales preocupaciones.
Ha de limpiar y sacudir
el altar, ambón, silla, área del sagrario, alfombra, de preferencia
todos los días, antes de la reunión. Vigilar que los encargados barran,
trapeen y sacudan, y que las bancas estén bien acomodadas y quede
todo acomodado y en su sitio.
Para las grandes ocasiones,
limpiar las paredes, imágenes, candeleros, y lustrar las bancas y
cosas de madera, incluyendo las puertas. Cada vez que hay Misa, limpiar
cera del piso o chicles pegados en piso e hincaderas, acomodar
todo lo que se uso en su lugar correspondiente en la sacristía o en
la bodega.
Todo lo que no se use
(cortinas, telas, cuadros, etc.), ver con los sacerdotes qué
acomodo o uso darle. Antes de que se venga el tiempo de aguas: limpiar
las azoteas de basura: arreglo si hay humedades. De preferencia
cada tercer día: regar jardín y árboles, y tener
cuidado de su poda y limpieza.
No es necesario que
el lo haga todo, lo importante es que coordine y que se encargue de
que se haga. Detallémoslo también.
3.1.
El Templo
El edificio material es
signo del verdadero Templo de Dios que es Cristo (Juan
2,19-21) y de nosotros, personalmente y como Iglesia (1 Corintios
3, 16-17; Efesios 2,21; Apocalipsis 21,22). Además, es casa de
Dios por la presencia del Santísimo Sacramento en el Sagrario, y las
varias presencias de Cristo durante la celebración.
Por
eso hay ciertos signos de respeto: presentarse aseado de cuerpo y
alma, tener espíritu de oración y sentido de lo sagrado, vestir de
modo digno, de suerte que un pagano pueda descubrir que ahí se alaba
al verdadero Dios.
No
podría andar con pantalón corto, pants, camiseta sin mangas, o cualquier
traje o vestido que desdiga del decoro del templo y la celebración.
Si cuidamos tanto nuestra presentación en las fiestas sociales ¿por
qué no hacerlo en nuestra audiencia con Dios?
No
habla en voz alta dentro del templo, sino discretamente, para conservar
ambiente de oración y no estorbar a quienes la hacen. No arregla sus
asuntos, pues hay otros espacios para convivir y hacer tratos.
Evita
posturas inconvenientes, aunque esté sólo, como cruzar la pierna,
fumar, escuchar o cantar música profana, correr o jugar, comer o tomar
refresco, curiosear, etc.
Tras
cada celebración revisa que el lugar esté aseado, pues no ayuda al
encuentro con Cristo un templo sucio y desagradable. No faltan biberones
derramados, pañuelos desechables usados, bolsas de botanas tiradas,
etc. Desgraciadamente muchas familias no alcanzan a distinguir entre
el templo y un lugar de recreo o paseo.
Cuida sobre todo el
escenario de la celebración, que son los tres polos de la misma. Veamos
las dos grandes partes del templo:
3.1.1 El Presbiterio:
Que haya una alfombra cubriendo al menos la tarima
del altar, de color serio y elegante. Que haya repisas y base para
flores, suficientes para cuando haya flores para adornar.
En cuanto a las flores,
de preferencia que sean naturales, pues su vida y el aroma armoniza
mejor con quien es «la flor de los campos y el lirio de los valles»
(Cantar 2,1) y que exhala el perfume de las virtudes (2
Corintios 2,15-16).
No obstante, si no hay
flores naturales, puede adornarse en ciertas ocasiones con flores
artificiales de materia decente y duradera (género, porcelana,
etc.) el lugar del Santísimo, del Santo Patrón, del ambón, o en
las grandes fiestas el recinto sagrado. No se ven bien las macetas;
el altar no se adorna con flores artificiales.
No se ponen flores en
cuaresma ni en celebraciones de difuntos; en adviento sean pocas,
para que sean un signo eficaz por su contraste. Siempre procurar que
los adornos no distraigan del altar o de la celebración.
Afortunadamente ha aumentado
el número de decoradores profesionales que pueden hacer unos buenos
arreglos florales para las grandes ocasiones.
El presbiterio se ha
de limpiar, barrer, trapear y sacudir todos los días. Sus paredes,
imágenes, candeleros y alfombra conviene sacudirlos y limpiarlos cada
8 días. Cuidará de cambiar las flores cuando están marchitas, y cambiarles
agua diariamente para que no se pudra.
El sacristán cuida los
distintos polos de la celebración:
a) El altar:
El altar debe ser el
punto de referencia de todo el templo, pues en él se realiza el
Sacrificio Eucarístico y el Banquete Sagrado. Conviene esté separado
de la pared para poder girar en torno. Tiene una altura de 90 centímetros
a un metro; y sus dimensiones varían según el templo.
El altar no es un púlpito,
ni un objeto funcional, ni un taburete para colocar cosas. Es símbolo
de Cristo, piedra angular (1 Corintios 10,4; Summa Theologica III,
q.83, a3, ad 5), ara verdadero del único Sacrificio (viene
de «alta ara»: elevado lugar de sacrificio). Por eso debe ser
reverenciado y respetado. Ante el altar se hace reverencia o inclinación
profunda.
Por reverencia al Memorial
del Señor, lleva un mantel. Desde el principio, para toda celebración,
tiene el mantel colocado; el altar desnudo es signo sólo del viernes
santo. El mantel blanco, no de color, es una tradición en la Iglesia
católica de occidente. No se le ponen plásticos o vidrios para evitar
que se manche de cera o para colocar debajo los avisos e intenciones.
En la credencia están
todas las cosas, no sobre el altar, si acaso algunas luces encendidas
y unas flores cerca de él. Así que sobre él no se coloca nada no eucarístico
(micrófono, cojín, papeles, etc.). El altar no es afiche de
mensajes ni exhibidor de carteles.
Cerca se coloca un crucifijo
para hacer ver la relación con el Sacrificio de la cruz. No está sobre
el altar; sí en el ámbito del presbiterio. Manifiesta la relación
entre el Sacrificio de Cristo y la Eucaristía. Hay que evitar la repetición
de Crucifijos; así como la multiplicación de altares.
Se le coloca encima
un cubremantel después de las celebraciones, para protegerlo y mantenerlo
limpio. Se ha de limpiar antes de cada celebración con un plumero
o cepillo fino de ropa.
Se aprovecha para ventilar
y asear bien el altar antes del jueves santo y para la fiesta patronal.
b) El ambón:
El ambón no es un mueble,
sino el lugar de la Proclamación de la Palabra, signo visible del
anuncio de salvación, lugar de la presencia del Señor en su Palabra.
Se diseña en armonía con el altar. Está separado de la Sede; no muy
cercano al altar. En las solemnidades se adorna con un velo y una
alfombra adecuada.
Debe tener un lugar
digno, destacado y fijo, con libros dignos (el Leccionario),
luz y sonido adecuados. Y tener espacio para la colocación de los
ciriales y el portador del incensario. El Cirio Pascual se ha colocado
cerca del ambón en la cincuentena pascual.
Desde el ambón no se dicen moniciones, ni se dirigen los
cantos, ni se dan los avisos; aún para la oración de los fieles y
la homilía, algunos no lo consideran adecuado.
Ahí queda el Leccionario
en la página del día, vuelto al pueblo para recordatorio, o el Evangeliario
en el Evangelio del domingo.
c) La Sede presidencial:
No es un asiento utilitario,
sino el lugar permanente desde donde se preside la asamblea, signo
de la Jerarquía que actúa permanente en la comunidad.
Es única, de cara a
la comunidad, con fácil comunicación, fija, visible para los fieles.
No igualada con otros asientos, ya que la asamblea es única, con un
único presidente que actúa en nombre de Cristo, asumiendo en sí el
sacerdocio de todos.
A los lados de la Sede
pueden ponerse asientos para los diáconos. Los acólitos nunca ocupan
esos lugares ni se sientan de cara al pueblo. Aun los concelebrantes
no se sientan como presidiendo.
d) El Sagrario:
El
Sagrario, armario precioso para guardar el Santísimo Sacramento, es
el corazón vivo de nuestras iglesias. Ahí se guarda el Santísimo Sacramento
para la comunión de enfermos, de ausentes y para la adoración. Debe
ser sólido, seguro, inamovible y firme, de modo que no haya peligro
de profanación.
Aunque
se intentaron muchas soluciones para su colocación, la mejor sigue
siendo al centro del retablo, en lugar elevado, y con una repisa en
forma de altar, donde esté el vaso con agua limpia para limpiarse
los dedos y un purificador, y dos velas. El Sagrario lateral no favorece
la oración personal.
El sacristán pide al
sacerdote que mantenga su interior limpio y seco, que cambie al menos
cada quince días el corporal, cuidando no queden partículas tiradas.
Igualmente, cuida que las Formas consagradas se vayan renovando, al
menos cada quince días. Que le indiquen si hay mucha Reserva para
no poner más hostias.
Debe custodiar bien
la llave del Sagrario, de material noble, en estuche seguro y digno.
La llave no puede dejarse dondequiera: y conviene tener guardada la
combinación en lugar bien seguro. Evite todo peligro de profanación.
Para prevenir percances de extravío o de urgencia, conviene tener
duplicado, igualmente bien custodiada.
Junto del Sagrario o
cerca de él, para indicar la presencia del Señor, arde perpetuamente
una lámpara, nunca encima del Sagrario ni delante de la puerta.
Es de aceite o de cera, nunca de otro combustible, pues la llama natural
significa tanto ofrenda como luz: nos estamos consumiendo como ofrendas
vivas ante Dios. La Conferencia Episcopal Mexicana autorizó la lámpara
eléctrica, pues también es una energía que se va consumiendo ante
el Señor; aunque el signo no es el mejor. Debe alumbrar de continuo,
aun de noche. Puede tener vaso rojo, o del color del tiempo litúrgico.
Sobre el Sagrario no
se colocan imágenes, reliquias, flores, etc.; si acaso la cruz. Para
preservarlo de polvo e indicar la presencia del Señor, se cubre con
el conopeo (en forma de tienda-pabellón o de cortina),
blanco o del color litúrgico del día.
El conopeo o velo es
la señal principal de la presencia de Cristo. Puede tener forma de
cortina que cubre la puerta, o de pabellón que deja al descubierto
una puerta preciosa y representa la tienda santa plantada por Dios
entre nosotros. Es la revelación por velación de la presencia del
Emmanuel.
Ante el Sagrario se
hace genuflexión, acto supremo de reverencia, que expresa la adoración
a Jesucristo. La rodilla derecha se posa un breve instante en el suelo
mientras se inclina ligeramente la cabeza. Hay sacristanes que practican
muy mal este gesto de adoración. Por mucha prisa que se tenga, no
pierde mucho tiempo y sí realiza un acto muy significativo.
e) La credencia.
No sólo es una mesa
útil pata colocar las cosas necesarias de la Misa, sino tiene la función
de la mesa de ofrendas. Conviene esté en concordancia de estilo y
material con el altar, aunque sea algo discreto.
Su tamaño es medio,
de altura normal, con espacio suficiente para los vasos sagrados,
el Misal y los objetos necesarios para la celebración. Se cubre con
un mantel.
Se coloca, mirando desde
la nave, a la izquierda del altar, para que los acólitos sirvan al
sacerdote desde la derecha. En las Misas pontificales se requiere
una segunda credencia.
3.1.2. La Nave:
La Nave es el espacio destinado al pueblo, el lugar
donde se reunen los fieles como conjunto de personas, como comunidad de hermanos que comparten
y celebran la fe y la gracia. En ella se expresa la asamblea con movimientos
y expresiones ordenadas.
Las
bancas o asientos se han de acomodar de suerte que el pueblo pueda
participar fácilmente, y sean visibles el altar, el ambón y la sede,
y puedan acercarse a comulgar sin dificultad.
Debe
haber espacio suficiente para que los fieles se arrodillen y estén
de pie. Tener buen sonido que llegue bien en todos los espacios.
Los
ministros y el coro forman parte de la asamblea litúrgica, por tanto,
su lugar debe estar en comunicación con la nave, con fácil acceso
a la Comunión.
El
sacristán ha de procurar que los encargados de aseo, barran, trapeen
y sacudan diario, o cuando haya Misa, o lo más frecuentemente
posible.
Que
las bancas estén acomodadas, las alcancías en sus lugares y aseguradas.
Cada semana o cada mes
conviene limpiar las manchas de cera, chicles, etc., con espátula,
acetona, pulidor, y al menos una vez al año poner lustrador en bancas
y puertas. Revisar las hincaderas por si ocupan cambio de tornillos.
La iluminación, ventilación,
sonido, muy importantes para el clima de la celebración. Por eso
es importante prever forma fácil de acondicionar luz y
sonido cuando no hay corriente eléctrica (candeleros o lámparas
distribuidas en la nave, batería para el amplificador, sonido portátil
de baterías, etc.).
Las estaciones del Vía
Crucis no se confundan con las cruces de la Dedicación.
Donde hay Misa diaria
o gran afluencia de gente, lava dos veces por semana las pilas de
agua bendita donde las personas se signan en recuerdo del Bautismo.
Les pone agua de la Fuente Bautismal de preferencia. Que el domingo
estén limpias y llenas.
La puerta principal
nos recuerda que Cristo es la puerta al Reino que nos introduce en
el redil. La puerta se abre a sus horas, y por la persona indicada;
no suelte la llave a cualquiera. La entrada a la iglesia en tiempo
de celebraciones debe ser libre y gratuita.
El Presantuario
es el espacio libre entre el presbiterio y las primeras bancas. Los
griegos le llaman «solea», «umbral». Es el lugar del comentador y
de la celebración de sacramentos. Conviene haya una tarima para los
actores de los sacramentos, así como el atril del monitor, el director
de coro, y otros servicios. Es un lugar digno para una celebración
digna y participativa.
3.2 Otros espacios
de celebración:
a) El Confesionario:
Es el lugar donde se
administra el perdón de Dios, ya sea una capilla penitencial, ya sea
un cubículo aislado pero visible, o ya sea un simple mueble. El sacristán
debe tenerlo sacudido y limpio.
El Sacramento de la
Penitencia es el rito por el cual nos reintegramos en la Iglesia después
de una lucha contra el pecado. Es el paso de la oscuridad a la luz.
No es un ropero viejo
adosado a la pared, sino el anticipo al trono de Cristo juez, y el
medio para abrazarnos de la cruz arrepentidos de nuestros males.
El grande crucifijo
sea visible; las cortinas limpias, con una Biblia para preparación,
algunas frases o imágenes.
Conviene fumigar, lustrar
y limpiar periódicamente. Cuidar sobre todo que el lugar del penitente
sea más cómodo. Atender la ventilación para desterrar el mal olor.
Debe haber una rejilla
fija entre el penitente y el confesor para que puedan usarlo los fieles
que lo deseen.
b) El Bautisterio:
Es el lugar donde se
celebra el Bautismo, primer Sacramento de la Nueva Alianza, donde
el cristiano muere y es sepultado con Cristo, nuevos corderos entran
en la familia cristiana, nacemos al pueblo de Dios por el agua y el
Espíritu, Cristo lava los pecados de Adán y la Iglesia retorna al
Paraíso, debe ser muy digno. Por el Bautismo, nos incorporamos a Cristo
y a su Iglesia.
De preferencia tenga
fuente de agua, forma de calentarla, desagüe que no vaya al drenaje
sino a tierra permeable. Ahí se vacía el agua de la primer lavada
de purificadores, corporales, palias; la de la piscina; ceniza de
algodones de los Santos Oleos; el agua con que se lavaron crismeras
o vasos sagrados.
Si no, que haya una
pila con un apartado donde está el agua y es fácil renovarla, y otro
donde caiga y vaya a tierra. Conviene que sea de mármol blanco labrado
y bruñido; no de madera ni cobre, a menos que se estañe por dentro
para evitar mancha verde. El agua esté siempre limpia. La tapa sea
decente, de metal o madera buena, forrada de piel para que ajuste
mejor.
Conviene tenga una verja
de metal, y pueda cerrarse con llave. Requiere un armario para guardar
los óleos, la concha (natural, de plata, no de latón), toallas, algodón,
estolas, pluma y papel, vela y vestidura blanca. Se recomienda una
imagen del bautismo de Jesús, o adornos de la historia de la salvación
o los tipos del bautismo.
c) El Campanario:
Con las campanas se
convoca al pueblo y se expresan los sentimientos del pueblo de Dios:
cuando exulta, cuando llora, agradece, suplica, se comunica, se hace
uno. Suceden a las trompetas judías.
Respecto al campanario,
se debe considerar el aspecto óptico y el acústico, de suerte que
el sonido sea agradable al oído y se escuche lejos.
El ladrillo robustece
las frecuencias bajas de sonido y amortigua las altas. El concreto
estimula las altas y apenas reacciona a las bajas, desfigura la armonía
propia de cada sonido.
Celosías o aberturas
pequeñas permite que el sonido llegue con mayor intensidad a los lugares
más alejados y posibilita que se amortigüe en los asentamientos más
cercanos, además de proteger contra la lluvia.
De ordinario manténgase
cerrado, sólo suban quienes tocan las campanas cuando deben tocarlas.
Arreglar escalones; asegurar firmeza de amarres de las campanas, engrasar
de vez en cuando, revisar resistencia del lazo y su desgaste en la
polea, y el estado interno de la torre.
En la Iglesia latina
las campanas nuevas se bendicen solemnemente antes de colocarse en
el campanario. Las campanas tienen el nombre del santo y la inscripción.
Si la campana ha sido bendecida no puede emplearse en usos profanos
sin permiso del Ordinario.
Tocarlas supone cierto
entrenamiento. En el Apéndice 3 encontramos algunas indicaciones para
los toques de campana, que pueden lograr cierta unificación.
Que el campanario no
se convierta en lugar de desórdenes, ni en paso a los techos vecinos.
Si se controla el ingreso de personas, se evitan desperfectos y desgracias.
d) El atrio:
Es el espacio de tránsito
entre la calle y la Iglesia, para favorecer la entrada progresiva
en comunidad orante. Conviene además un claustro, jardín, vestíbulo,
que permita la reunión antes de la celebración, donde se inician algunas
celebraciones, como bendición de ramos, de candelas, etc.
Todos los días debe
barrer, limpiar suciedades, tirar basura de los botes puestos para
ello. Si hay jardín, cada tercer día riega; revisa las plantas y flores,
cuida la limpieza. Igual debe hacer con la banqueta de la Iglesia.
En lugar adecuado debe
haber los horarios de las funciones, así como de apertura y clausura
diaria de la iglesia (si se pudiera, alguna noticia histórica y
una información de sus puntos de atracción).
3.3 La Bodega:
Hay un lugar más amplio que la sacristía de trabajo
para guardar todo y acomodar lo que de ordinario no se use.
Conviene tener varios
departamentos: para cortinas, floreros, reclinatorios, taburetes o
bases, retablos, cosas útiles, cosas para reparar, imágenes, herramientas,
secciones para determinadas fiestas o determinados grupos.
Las recomendaciones
son idénticas que para la sacristía. Conviene descombrar cada año
y dar una limpieza general.
3.4 Cuidados
fundamentales para
la conservación de los objetos sagrados
a) Limpieza:
- Por el decoro del culto y para evitar la acción destructora
del polvo y la inmundicia; tanto mayor porque valen más. Limpia con
plumero el altar, el sagrario, las imágenes. El plumero ha de ser
suave, colas de raposa o plumas finas que no rayen.
- Las cruces, candeleros, incensarios y demás alhajas
de plata o chapa de oro, no tomarlos con las manos desnudas, sino
con algún paño. Antes de retirarlas, limpiarlas de polvo, cera o manchas,
pasando con suavidad un paño de lino y colocándoles su funda o metiéndolas
en su estuche. Se limpian con un paño de lino y ceniza de paja o tísate
(tierra blanca). Si están muy denegridas o tienen mucha cera:
se aplica lejía con sal y se limpia con un cepillito. Los candeleros
de poco uso o de bronce, se limpian con una franela y polvos de pómex
o ladrillo molido, limón (o uvas en agraz o yerba verde), lavándolas
enseguida y exponiéndolas al sol después de enjugados. No usar vinagre
ni cloro o ácido.
- Si no lo hace el sacerdote, lava el cáliz y la patena
con agua tibia, una vez al mes donde hay muchas Misas, o cada tres
meses donde hay pocas. Asear con esmero una vez al año todos los vasos
sagrados (o para la Pascua, el Jueves Santo; o para la fiesta patronal):
enjabonarlos, dejarlos al sol un cuarto de hora, lavarlos con lejía
caliente valiéndose de un paño para quitar el jabón o de un cepillito
blando si hay relieves. O bien, con salvado cocido y dejarlos en suero
13 horas, lavándolos después 2 o 3 veces con agua limpia; o bien,
con tomate y limpiarlos. Es conveniente que cuando no estén en uso
se guarden en bolsas lienzo y en estuche o caja, y no sea de caoba
el armario. El agua con que se lavaron se echa en la piscina, el desagüe
del bautisterio, o una maceta digna.
- Los objetos de metal dorado o plateado se asean con
agua caliente de jabón, frotándolos con suavidad para no deteriorar
la chapa; para los relieves, usar un cepillito limpio y fino. Algunos
aplican con cepillo fino una pasta de bicarbonato de potasa con agua
a la alhaja, luego la lavan con agua y la ponen en un cajón con aserrín
fino para que se seque, después le quitan el aserrín con un plumero.
No pulir los vasos con «Brasso», pues deteriora el chapeo de oro y
contamina; sólo pule el cobre, aunque es mejor hacerlo con limón y
carbonato. Pueden limpiarse también con aceite de oliva. Las piezas
de cobre y latón se asean con tierra blanca, cal viva, polvo de ladrillo
o piedra pómez con aceite de oliva. Las de bronce se bañan con lejía
caliente o trementina refinada, luego se frotan con un pañito de lana.
Las de estaño se meten en lejía caliente y luego se frotan con algún
polvo fino (como greda, tísate, tierra blanca, ceniza) o cáscara
de huevo pulverizada. Se enjuagan y se secan. El orín de los objetos
de hierro se destierra con aceite de oliva. Los de cristal y lámparas
se limpian con agua caliente y salvado. Las vinajeras, con vinagre
y cascarón bien molido de huevo, o agua y salvado o cáscaras bien
desmenuzadas de papas crudas. No se quiten las gotas de cera con instrumentos
de hierro, pues rayan los objetos; se hierve en agua común para que
se quiten.
- El mantel del altar (y del ambón, si tiene)
conviene quitarlo al terminar la celebración y ponerlo antes de la
siguiente. En caso de que se quede ahí, cubrirlo con un paño o plástico
limpio, y limpiarlo con alguna escobilla o cepillo de ropa. Las
manchas de cera pueden quitarse con alcohol, poniendo
un papel sobre la cera y aplicando por el reverso humedecido una plancha
caliente; o mojando la tela por el reverso con agua fría y restregando
la cera con las puntas de los dedos hasta quitarla, y enseguida con
agua de colonia quitar la mancha. Las manchas causadas por tender
la ropa húmeda sobre hierro se quitan con jugo de limón, sal de acederas
o ácido oxálico; las de vino, con jabón o una solución de cloruro
de cal.
- Sacúdase el Sagrario, el altar, la sede, el ambón,
todos los días, de preferencia con plumeros de plumas pequeñas y suaves.
Conviene poner lustrador en los muebles de madera, periódicamente:
cada 8 días donde hay mucho culto, cada mes donde hay menos. Las estatuas
pueden limpiarse con tomate verde y un paño; los cuadros al óleo,
con cebolla y un paño. Las vestiduras, con gasolina blanca si son
delicadas.
- Para conservar los objetos preciosos, se les ponen
fundas de lienzo o se guardan en cajas forradas de gamusa, así se
preservan del polvo y la humedad. Hay que mantenerlas lejos de emanaciones
sulfurosas.
b) Ventilación
- El puro cuidado de que no esté encerrado el lugar sino
que se renueve el aire, preserva los objetos de muchas plagas que
arruinan.
- Para preservar de polilla las vestiduras litúrgicas,
sobre todo ornamentos antiguos, conviene sacarlos al aire periódicamente
durante un poco de tiempo. En las cómodas conviene poner alcanfor,
neftalina, harina de mostaza o vasitos con aguarrás, embebido en lienzos.
- Los armarios de caoba pueden dañar el dorado de los
vasos sagrados.
- Los vasos sagrados requieren sacarse de sus estuches
para ventilación.
- Igualmente conviene ventilar todos los días el templo,
evitando que la humedad pudra o enmohezca, y que el aire viciado se
corrompa y produzca mal olor.
c) Preservación de
la humedad
- Nunca debe dejarse en el cáliz el purificador húmedo
que se ha usado, pues deteriora el metal y da mal olor.
- Cuando la ropa blanca está húmeda no se cuelga en clavos
u objetos de hierro para evitar orín. Este desaparece con sumo de
limón o suero.
- No se guarde ropa mojada o purificadores después de
la primer lavada, para evitarles manchas negras.
- Las alhajas hay que secarlas bien y no guardarlas
sin ponerlas al sol, y no tenerlas en sitio húmedo, para evitar cardenillo.
- El más peligroso enemigo de los edificios es el agua
(lluvia, corrientes superficiales o subterráneas); por eso
conviene construir una acequia profunda en torno al edificio con fuerte
capa de cemento, quitar hierbas y arbustos de cerca de las corrientes,
y que dé sol al piso y cimientos para conservarlos secos.
- Antes del tiempo de aguas examinen y limpien bóvedas
y techos.
d)
Mantenimiento:
Las operaciones necesarias
para evitar la degradación se llaman de conservación o mantenimiento.
Pueden ser para prevenir:
desde el aseo diario hasta resanes menores en despostillados o combate
a parásitos (plantas o animales).
O pueden ser para corregir
un daño: reparar o reponer una pieza que por el uso diario o los agentes
naturales se va desgastando.
Para proteger contra
el polvo basta un plástico sobrepuesto y fijado con papel autoadherible
o cordones. Si hay peligro de golpes, se forra con fibras comprimidas
o espumas de plástico. Nunca se fijan con clavos o adhesivos que dañen
la superficie.
Para proteger superficies
de madera se impregna con aceite de linaza cocido, con un 10% de pentaclorofenol
o sales de cobre, cromo y arsénico; con pistola de aire se le aplica
luego su barniz. Para esculturas de madera no se ponen solventes,
pues dañan la capa de esmalte o desprenden el oro. Se pueden fumigar
a base de cianuro de hidrógeno, bromuro de metilo, sulfuro de carbono
u óxido de etileno.
Del hierro pintado se
quita el polvo o suciedad con franela, agua y detergente. Luego, se
aplica un barniz con aceite de linaza, cera de abeja, sulfato de aluminio
sin fierro, y óxido de plomo. El óxido se remueve con fibra de acero
y lija de agua.
Los
elementos de piedra se lavan con agua y jabón neutro, usando cepillo
de raíz; nunca con chorro de arena o raspando. No deben usarse limpiadores
alcalinos. Si persiste la mancha, el primer día lava con agua y amoníaco
(una parte de amoníaco por 10 de agua), luego se lava con jabón
neutro y luego con agua pura. Los siguientes dos días, agua a presión
y brocha de ixtle.
Los
murciélagos se ahuyentan con humo y ruido; con tela de malla ciclónica
de 13 mm. se protege luego. Para ratas y ratones emplear raticidas
y tapar agujeros con trozos de carbón de encino retacados con mezcla
formada por una parte de ceniza de carbón y cal, y sellando la superficie
con cal y cemento. Para exterminar las palomas no darles alimentos
envenenados, pues luego pueden causar daño al ser humano, ni usar
productos que les trastornen el sistema nervioso. Para las polillas
y otros insectos se usa insecticida y luego se impregna la madera
con pentaclorofenol.
La
hierba se arranca a mano, de raíz; se lava la zona con agua y 5% de
ácido muriático. Para musgos y líquenes se humedece la superficie
con solución de agua y ácido sulfúrico al 5%, y se repite la operación
hasta su total destrucción; luego se lava la superficie con agua.
Investigar la causa de aparición de hongos.
Cuando
haya humedades, revisar las azoteas y limpiar las bocas de los desagües,
sellar las grietas; si fuera necesario, reponer el petatillo y lecherear.
Los
retablos se limpian las superficies con fuelle y aspiradora; jamás
se usan plumeros o paños. Se desinfectan con pentaclorofenol o sales
de cromo, cobalto y arsénico (sales CCA) aplicados con brocha
de pelo, usando guantes de hule, mascarilla y gafas.
e)
Reparaciones:
Si es necesario reparar
algún mueble, no haga desidia, antes de que se deterioren más. Si
son obras de arte las que hay que reparar, insistir al párroco
o al rector de la iglesia para que acuda a un perito que lo arregle,
y se hagan los debidos trámites ante las instituciones gubernamentales,
ya que los templos son bienes nacionales. Si hacen falta cosas, presentarlas
al Consejo de Economía.
Los fragmentos de cristal
o porcelana se sueldan con goma laca disuelta en alcohol y hervida
luego, o con pasta de cal y clara de huevo, o con silicato de potasa
en la hendidura, que devuelve sonoridad, Si han de soldarse fragmentos
de bronce, se forma una mezcla con polvos de mármol y pez griega
fundida, en caliente.
Debe tenerse el material
gráfico de planos, levantamientos, fotografías, grabados, dibujos,
relación de intervenciones, permisos, cortes, detalles, etc. De los
deterioros hay que llevar una secuencia fotográfica (grietas, desplomes,
derrumbes, humedades, sales, plantas, agregados; en muros, columnas,
contrafuertes, pilares, arcos, bóvedas, dinteles, cúpulas, cimientos,
pisos, enjarres, etc.).
Los monumentos son creaciones
del intelecto humano, obras de arquitectura, escultura o pintura,
que ofrecen el testimonio de una civilización o un periodo de la historia.
Para la preparación
de algunos materiales, ver el Apéndice 4.
3.5. Inventario
de objetos y recursos
Hay qué recontar y clasificar los recursos con que
se cuenta, haciendo un inventario
y teniéndolo actualizado. Y también se hace un presupuesto de
lo que se requiere para desarrollar las diferentes actividades. Favorece
el que pueda dar cuenta de todo, controle todo, y también, sabiendo
lo que falta, oriente a los diferentes donantes.
Debe señalar:
a) Recursos físicos:
- Edificios, salones de reunión, equipo didáctico o técnico,
herramientas, vehículo, etc.
- Su dedicación actual: en qué se utilizan u ocupan y
en qué tiempo.
- El estado en que se encuentran (en funcionamiento;
si requieren reparación y de que tipo; si están abandonados pero en
capacidad de utilizarse).
- Vinculación: si son propias, prestadas, alquiladas
y valor.
b) Recursos económicos:
- Si hay presupuesto fijo o depende de donativos y colectas;
que monto se junta; cada cuánto tiempo- si hay ingresos fijos (sueldo,
interés bancario, estipendio).
c) Recursos institucionales:
Qué organizaciones y actividades existen, servicios que
prestan, requisitos que ponen.
d) Recursos humanos:
Personas que dependen del sacristán en función: aseadores
del templo; encargados de adorno; albañiles de mantenimiento; encargados
de limpieza de paños sagrados; campaneros; ayudantes
ocasionales; acólitos; coheteros, etc. Conviene señalar qué capacitación
tienen, cuánto tiempo dedican (fin de semana, ocasional, tiempo
completo) y su vinculación (si reciben sueldo o gratificación,
pago de gastos o transporte, etc.).
Si los presupuestos para los recursos faltantes no alcanzan
a cubrir las actividades, hay qué quitar algunas actividades o buscar
otras fuentes de ingresos.
En el Apéndice 5 hay un cuadro que puede ayudar para
el inventario y el presupuesto.
3.6 Incidentes
en la Celebración
El sacristán debe guardar calma y sentido común cuando
algo sale mal; está preparado para responder con calma ante cualquier
contratiempo.
a) Cae Sangre de
Cristo.
Puede suceder que se
derrame en manteles, vestiduras o el suelo.
Si es mantel o vestidura,
se pone con cuidado un purificador o paño grande en el lugar donde
se derramó, tanto arriba como abajo, para que absorba. Se limpia con
purificadores y los purificadores se ponen en remojo durante un tiempo;
el agua se vierte en la piscina o una maceta; se secan antes de lavarse
luego. Se pasa luego un paño húmedo en el lugar donde ocurrió el accidente,
y también se pone en remojo antes de lavarse. El mantel o la vestidura
se pone a remojo en agua que va a la piscina; y se lava después. La
superficie del altar se trata con un paño húmedo, que es mojado y
más tarde lavado. Si es otro sitio en que cae, lávese con agua, límpiese
con purificadores, y el agua se echa en la piscina.
b)
Se acaban las Sagradas Formas.
El problema es cuando
hay muchas comuniones pendientes, y no hay sagrario cercano.
Al darse cuenta que
hay pocas Formas, el sacerdote debe fraccionar. No es permitido consagrar
una especie sin la otra ni hacerlo fuera del contexto de una celebración.
Se avisa a los comulgantes pendientes a qué hora podrían acercarse
a comulgar en otra celebración, y se les pide hacer una Comunión espiritual.
Si quedara Sangre en
el cáliz, es materia para comulgar. Si no alcanzara para todos, aunque
no es el mejor signo, puede darse a comulgar valiéndose de hostias
sin consagrar a manera de cucharita; procurando que ésto sea algo
realmente excepcional, y explicando debidamente.
c) Apagón de luz.
Cuando se va la corriente
eléctrica de pronto, se asegura que no corran riesgo las cosas de
mayor seguridad: cálices y vasos sagrados preciosos, llave del Sagrario,
lugar de la colecta.
Si están en una celebración,
procura encender velas distribuidas en el presbiterio y en el centro
de la sacristía, para que los actores de la celebración y el pueblo
tengan algo de visibilidad. Conviene tener a la mano cerillos y un
candelero o veladora. Para el altar y el ambón conviene usar las antiguas
tercerillas o palmatorias.
Busca el sonido portátil
de baterías, y le pone pilas nuevas o recién cargadas, le conecta
el micrófono y lo lleva al altar para que prosiga la celebración y
el pueblo pueda escuchar. O conecta el sonido y la rudimentaria iluminación
de la batería que tienen ya preparada para esos casos en algún hueco
de la sacristía o el presbiterio.
Si tienen planta, va
al lugar para intentar hacerla funcional, si no es automática. O enciende
la lámpara de gas, con las debidas precauciones para evitar fugas
de gas o incendios.
Todo ésto brinda sugerencias
para acondicionar el templo con una solución más atinada a estas situaciones,
sobre todo donde se repite con frecuencia.
Una vez que vuelve la
luz eléctrica, tiene cuidado de que todo quede debidamente guardado
y apagado.
d) Alguien sufre
un ataque, un desmayo.
Conviene tener en la
sacristía, asesorados por un médico o enfermera, un botiquín básico
para primeros auxilios, mareos, cefaleas y mal de estómago, últil
para sacerdotes, sacristán, acólitos, y el pueblo. Y tener contacto
con la Cruz Roja, el Centro de Salud o algún médico por si llegara
a necesitarse un servicio más especializado.
El
sacristán debe conocer algo de primeros auxilios. Distinguir cuándo
es un ataque cardíaco (se pone colorado o morado y pierde pulso),
un desmayo (se pone pálido y sudoroso), un ataque epiléptico o nervioso
(se convulsiona y muerde la lengua), histeria (gritos y llantos escandalosos)
y un descanso en el Espíritu (especie de éxtasis con desvanecimiento),
ya que cada tipo requiere atención diferente.
Al
que se desmayó y está en estado de choque porque la presión le bajó
de golpe (pulso débil y rápido, sudor frío, piel pálida, desvanecimiento)
se le pone con cabeza baja y pies altos, se cubre con cobija, se le
dan bebidas tibias y analgésico. Si está inconsciente: se le acuesta
de lado con la cabeza hacia atrás; si parece ahogarse sáquele la lengua
de la garganta con un dedo; no le de nada por la boca hasta que vuelva
en sí y busque ayuda médica rápido.
Si
perdió el conocimiento, está inconsciente y no sabe la causa: Si no
está respirando bien, doble la cabeza hacia atrás y jale la quijada
y la lengua hacia adelante; busque algo pegado en la garganta; si
no respira: respiración de boca a boca. Si está perdiendo sangre,
controle la hemorragia (levantar el miembro herido, presionar hasta
que cuaje la sangre, ligar entre la herida y el corazón con trapo
o cinto). No moverle hasta que esté consciente. Buscarle heridas y
quebraduras. Si vomita, limpiar la boca para que no respire los vómitos
y mantener la cabeza de lado; no dale nada por la boca.
Al
que sufre insolación, piel sudada y fresca, pulso rápido y débil,
se le acuesta en lugar fresco, con los pies hacia arriba, y se le
soban las piernas; si está consciente, se le da suero oral (agua abundante
con una cucharadita de sal y azúcar). Si es por crisis alcohólica,
embolia o mal de corazón (golpe de calor, piel colorada, sin sudor
y mucha calentura) sáquelo al sol, échele aire y báñelo con agua helada
para bajarle la temperatura; busque rápida ayuda médica.
Al
sospechar envenenamiento, se le da a tomar bastante leche, huevos
batidos, o harina batida en agua; hasta que vomite; meta el dedo en
la garganta o déle agua con jabón y sal; siga dando a tomar lo antes
dicho y produciendo vómito, hasta que los vómitos estén limpios. Si
es por petróleo, gasolina, ácidos fuertes o inhalantes, de purga de
sal de magnesia u otra, tápelo si siente frío pero evite demasiado
calor, y busque médico.
Para evitar curiosos
que quitan el oxígeno y la calma, conviene apartar a la persona a
un lugar ventilado, más cuando hacen escándalo. Aflojarle la ropa,
quitarle los zapatos, ver que no tenga nada atorado en la boca, y
hacerlo volver oliendo alcohol, alcanfor o cebolla. No conviene ponerles
alcohol en la cabeza, sino agua. Si no respira, masajes al corazón
y respiración de boca a boca. Y espera que llegue el personal capacitado.
e)
Hecho violento y sangre.
Un
hecho violento con derramamiento de sangre dentro del templo y sus
dependencias (campanario, atrio, sacristía) constituye una profanación
y deja la iglesia violada, de suerte que ya no se puede celebrar en
ella mientras no se celebre su reconciliación.
Queda
violada la iglesia cuando se ejecutó cierta y notoriamente un delito
de homicidio, o efusión injuriosa y grave de sangre, o usos sórdidos
e impíos del lugar y sus objetos. El párroco debe acudir al obispo
para tramitar la reconciliación de la iglesia.
No dejar que se haga
tumulto; pedir calma. Llama al personal de Seguridad pública si no
es controlable por algunos feligreses. Intentan sacarlos a que arreglen
sus asuntos fuera. Y piden al resto del pueblo que no se muevan de
sus lugares ni se alarmen.
Si hay herido, llamar
al personal de Cruz Roja.
f) Profanación o
sacrilegio.
El sacristán puede descubrir
si hubo una profanación y fueron robadas las Especies Consagradas.
Una vez que se cerciora
de las cosas, constatando todo pero sin tocar, cierra la iglesia y
da inmediato aviso al párroco o sacerdote responsable, para que levante
un acta con las autoridades correspondientes, y llame a los fieles
que puedan ayudarle a encontrar lo robado, al ratero, o indicios del
robo, en los alrededores.
Con el sacrilegio, la
iglesia queda violada, y execrada si dañaron gran parte de la construcción;
y no se puede celebrar en ella mientras no se realice la reconciliación.
Por eso, se organizan actos de reparación espiritual y penitencia,
y se buscan las especies Consagradas con reverencia, pues Cristo está
ahí. Y se hacen las reparaciones materiales necesarias para que no
vuelva a repetir.
g) Temblor o incendio.
Conservar la calma,
indicar las salidas de emergencia, sobre todo para sacerdote y ministros.
Conviene con los bomberos,
consejos de salud pública o autoridades correspondientes, hacer simulacros
con las personas que habitualmente frecuentan el templo y con los
agentes de pastoral para desalojar las instalaciones sin tumultos.
Como todo edificio público,
deben preverse salidas de emergencia, abriendo canceles y puertas.
Conviene tener extinguidores y tomas de agua a la mano.
Tomar nota de los daños
reales para hacer las reparaciones o evitar desgracias.
Si se arruinó por entero
el templo, en su mayor parte fueron destruidas las paredes, queda
execrado, y no se puede seguir celebrando en él.
3.7 Administrar
bien los bienes confiados
El culto y las actividades de la comunidad cristiana
se sostienen con los donativos de los fieles, sobre todo en colectas
y alcancías.
Todos los bienes de
la Iglesia se destinan al culto divino, a la honesta sustentación
de los ministros, al apostolado y a la caridad hacia los más pobres.
Debe evitarse toda codicia
y apariencia de comercio, pues sería hacer de la administración o
el trabajo en la Iglesia un negocio.
El sacristán vela por
que no perezcan ni sufran perjuicio los bienes del templo y de la
comunidad, y procura que esté arreglada su propiedad con las notas,
facturas, escrituras, contratos, etc., para que no siga un daño por
incumplimiento a las leyes.
Debe haber un clima
de claridad en la administración de los recursos económicos: ingresos,
egresos, inversiones. Que no se oculten las ofrendas voluntarias;
que se hagan los debidos contratos. Que no haya acepción de personas
en las ceremonias.
El criterio pastoral
es usar los bienes para el culto digno a Dios. El criterio comunitario:
hacerlo unidos y participando todos. El criterio ascético: con moderación
y desprendimiento.
El sacristán obtiene
su retribución precisamente de esa corresponsabilidad de la comunidad
para sostener sus tareas pastorales. Por lo mismo, debe cuidarlos
y destinarlos a su fin.
Muchas
veces se le deja manejar colectas, estipendios, alcancías, etc. A
veces es el supervisor de los varios equipos de gente. Recuerde que
no es dueño, sino administrador; la dueña es la comunidad. Conserve
los fondos, gástelos según su destino, pague a tiempo lo que deba
pagar y a quienes deba pagar, anótelo y entregue el dinero sobrante.
Conviene haga presupuesto y trate de ajustarse a él.
Las
ofrendas, sea en dinero o en especie, son sagradas. Hacer mal uso
de ellas es un sacrilegio. Sólo prestará alguna cosa si presenta el
debido permiso escrito y firmado por el párroco o alguno de los sacerdotes
de la parroquia; este permiso lo romperán hasta que sea devuelto el
objeto prestado.
Conviene
que con el párroco o el rector del templo haga un presupuesto de gastos
y se atenga a él. Lleven libreta de administración, con entradas y
gastos, y una bitácora mensual de servicios. Que periódicamente dé
un informe al equipo de liturgia, al consejo pastoral parroquial,
o al párroco (anual, semestral, trimestral).
Por
los servicios extra no está bien exigir cuotas gravosas, ni pedir
lo que gusten dar, pues ambas cosas se prestan a murmuraciones
y abusos. No puede entrar en complot con fotógrafos, cantores, coros,
vendedores ambulantes y pordioseros de las puertas.
A
veces debe encargarse de pagar el predial, el agua, la luz, el teléfono,
los estipendios a visitantes, los gastos de reparaciones menores,
los honorarios de los empleados menores u ocasionales (limpiar
pisos, velas, lavar atrio, etc.), refrendos y tenencias de vehículos.
A veces maneja cuenta de cheques y lleva la nómina de los trabajadores.
Conserve las facturas y recibos, sobre todo si van a la fiscalía de
la Asociación Religiosa.
Ante
la multiplicación de robos, debe tener cuidado de los objetos, pinturas,
estatuas, tomando las medidas de prudencia. En las grandes aglomeraciones,
no dejar sola la sacristía ni la credencia. Cuida durante el día el
templo y sus dependencias, sobre todo en las horas tentadoras para
los amantes de lo ajeno. Si no hay adoradores, cerrar el templo, o
buscar velador o policía que cuide.
Ahorrar recursos y evitar
gastos inútiles. No dejar las velas encendidas después de la Misa.
Si por la noche las veladoras pueden terminarse o reventar el vaso,
mejor apagarlas antes. Comprar por junto las materias necesarias,
como vino, hostias, cera. Guardar la cera en lugar húmedo sin corrientes
de aire.
Sus vacaciones serán
programadas oportunamente y sus días libres de la semana, de acuerdo
con el párroco. Evite abandonar el trabajo repentinamente; cuando
se presente alguna emergencia, busque suplente o pida el debido permiso.
Si existe injusticia
a causa de un sueldo mísero o un trato poco digno, reclame su derecho
y ofrezca alternativas. Lo mejor sería que fuera un equipo el que
desarrollara las funciones de sacristía. Pero si es una persona dedicada
de lleno a la sacristía, cubriéndose el tiempo legal de trabajo, debe
recibir al menos el salario mínimo y tener las prestaciones de un
trabajador; sobre un contrato de trabajo.
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