
Apostoloteca virtual
LITURGIAMANUAL
DEL SACRISTAN
2.1 Misión grande:
a) Servir la casa
de Dios y de la Iglesia.
El templo es casa de
la comunidad, y también signo de Cristo y de la Iglesia, y de nosotros
mismos.
La Iglesia es casa de
Dios: «Amo, Señor, la belleza de tu casa, el lugar de asiento de
tu gloria» (Sal 26,84). «Mis ojos estarán abiertos, dice el
Señor, y mis oídos atentos, a la oración que se haga en este lugar;
pues he elegido y santificado esta casa, para que permanezca en ella
mi Nombre para siempre» (1 Crónicas 7,15-16). Por eso es importante
servir en la casa de Dios.
La Iglesia es signo
del cristiano, que es templo de Dios en Cristo: «¿No saben que
su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y que
han recibido el don de Dios y ya no se pertenecen?» (1 Corintios 6,19).
«Si alguno me ama, cumplirá mi Palabra, y mi Padre lo amará, y
vendremos a él y haremos en él nuestra morada» (Juan 14,23). Así
pues, sirviendo a la Iglesia, el sacristán significa la dignidad de
cada cristiano y en la comunidad, pues ellos son el verdadero templo
donde se adora «en espíritu y en verdad» (Juan 4,24).
b) Santificarse mediante el trabajo digno.
El trabajo santifica al hombre. «Mi
alimento es hacer la voluntad de mi Padre y llevar a cabo su obra.
Mi Padre trabajaba siempre y yo también trabajo» (Juan 4,34; 5,17).
«No nos cansemos de obrar el bien, que a su tiempo nos vendrá la
cosecha si no desfallecemos. Así que mientras tengamos la oportunidad
hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en
la fe» (Juan 6, 9-10). «Si nos fatigamos y luchamos es porque
tenemos puesta la esperanza en el Dios vivo, que es el Salvador de
todos los hombres, principalmente de los creyentes» (1 Timoteo 5,
10). «No es injusto Dios para olvidarse de su trabajo y del
amor que han mostrado hacia su Nombre, con los servicios que ha prestado
y prestan a la Iglesia» (Hebreos 6, 10). Vale la pena trabajar
con entusiasmo, más todavía cuando Dios es el patrón al que se sirve.
Para que un día diga: «Bien siervo bueno y fiel, entra en el gozo
de tu Señor» (Lucas 19,17).
c) Conservar un ambiente de piedad.
Crear un ambiente humano y de hogar para quienes se
acercan a encontrarse ahí con Dios y con los hermanos. La belleza
interior de cada persona se manifiesta por sus obras en el trato con
los demás, poniendo en cada cosa armonía, orden, bondad, etc. La casa
de Dios ha de mantenerse siempre en buen estado, cuidando las cosas
sagradas, procurando su conservación y embellecimiento, para que ayude
a elevar al Señor los corazones. El adorno es signo de amor y reverencia
a Dios, y sugiere al pueblo el sentido de la fiesta y la alegría y
piedad del corazón.
El buen ánimo en el
trabajo, la alegría y sencillez, esmero, atraerán a Dios a las personas.
«Y Dios, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mateo 6,4). «Que
deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos; mi alma se consume
y anhela los atrios del Señor... Hasta el gorrión ha encontrado una
casa, la golondrina un nido donde colocar sus polluelos: tus altares,
Señor de los ejércitos... Dichosos los que viven en tu casa alabándote
siempre» (Sal 84, 1-4).
2.2 Misión difícil:
Son varias las razones por las cuales no es fácil el
ejercicio del ministerio de sacristán:
a) Se le deja solo.
La gente en general
no tiene conciencia de que toda la Iglesia es servidora; ni reconocen
los servicios que prestan a la comunidad estos ministros de la pastoral.
Los sacerdotes a veces tienen demasiada cautela o desconfianza, por
sus experiencias pasadas con encargados que se consideraban dueños
de la capilla u obraban independientes. No hay mentalidad ni praxis
de corresponsabilidad de parte de todos, y de este modo se cargan
en el sacristán.
b) Se le considera
lejano o raro.
Hay una tendencia a
considerar al Sacristán como una persona que es casi clérigo; o bien
que no alcanza a realizar los trabajos del común de las personas.
Y éstos son dos peligros en los que puede caer la persona misma. Muchas
veces su función se reduce al templo, sin proyección a la comunidad
y sin relación al apostolado. Siendo una persona tan visible, sus
defectos se hacen muy notorios, y pueden crear una imagen falsa en
la gente.
c)
Su trabajo es poco deseado.
Hay miedo al fracaso,
a no saber cumplir con sus deberes, a cansarse antes del trabajo,
a perderse en mil detalles inútiles. Siendo un servicio a la comunidad,
no hay un pago adecuado por sus actividades, ni prestaciones, seguro,
etc.; si acaso una motivación simbólica. Y sí hay trabajo constante.
Por eso ahora están buscando que sea mejor un equipo de personas.
d) Acarrea riesgos.
Es responsable del patrimonio
religioso de una comunidad, incluyendo el Santísimo Sacramento. Además,
el excesivo trabajo puede hacer disminuir su atención a su familia
y a sus trabajos. Y corre el peligro de familiarizarse con lo sagrado
al grado de perder la sensibilidad religiosa o caer en la rutina y
perder el respeto.
e) Es un servidor
público.
Muchas personas los
rechazan por ser uno de ellos mismos, por no tener una formación de
altura, o por no cumplirles sus gustos. Deben luchar contra muchos
caprichos, y ser firme ante muchos criterios que pretenden mandarlo.
Eso los hace a veces hoscos, o miedosos.
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