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Apostoloteca virtual LITURGIAMANUAL DEL SACRISTAN

CONCLUSION

Es muy conveniente que los sacristanes desempeñan con profesionalismo su función, pues son el rostro visible de la Iglesia para todos los fieles. Representan a la parroquia.

Además, le trabajan al mejor patrón del mundo, que merece todo respeto y obediencia; están en la esfera de lo sagrado. La casa de Dios les pide aseo y orden externo, y una vida de piedad y honestidad en el interior. Inspira devoción por su fe, su presentación, su amabilidad y orden en su actuación.

Formar parte del equipo de animación litúrgica le ayuda a coordinar los servicios de monaguillos, ornato y mantenimiento. Sabe escuchar y comprender para dialogar y organizar sin monopolizar.

Ayudan al rector de la iglesia a guardar silencio y respeto en la sacristía, sobre todo a la hora de las celebraciones. De acuerdo con él, va desechando las cosas que por su deterioro o falta de limpieza desdice del culto, y cuida de la limpieza e integridad de los objetos litúrgicos.

La sacristía no es un lugar de paso, ni un lugar para oír Misa, ni un lugar para charlar. Y el sacristán es el custodio de esta antesala de lo sagrado.

Como todos los ministerios litúrgicos, tiene una función en la celebración, que podemos detallar en tres momentos:

a) Antes de la Celebración:

Prepara los objetos y lugares necesarios para que el pueblo cristiano tenga una experiencia de celebración auténtica. Por eso, conoce los inven­tarios, los ritos y sus contenidos.

Crea el ambiente digno para favorecer el encuentro comunitario con Dios y la vivencia de los sacramentos.

b) Durante la Celebración:

Participa de la celebración y está al pendiente de su desarrollo. Más que un profesional, es un creyente. Está en oración, aunque observador, discreto y efectivo.

Es previsor y ágil, sin dejar nada a la improvisación. Interviene sólo cuando es necesario e indispensable. Tiene vías de desplazamiento donde no distrae.

Se coordina con los demás servicios de la celebración, especialmente con acogida, colecta, monaguillos y ministros extraordinarios. Con programación y revisión contínua de objetivos y metas.

c) Después de la Celebración:

Evalúa su servicio, mientras recoge todo y deja en orden. Tiene humildad y amor a la verdad para dejarse corregir.

Se sigue formando en la fe, con deseos de superación y servicio. Ojalá que haya un programa sistemático. Le conviene hacer el Diplomado de Liturgia.

Terminamos este trabajo con la exhortación que la misma Palabra de Dios nos hace:

“Los conjuro en virtud de toda exhortación en Cristo, de toda persuasión de amor, de toda comunión en el Espíritu, de toda entrañable compasión, a que colmen mi alegría, siendo todos del mismo sentir, con un mismo amor, un mismo ánimo, unos mismos sentimientos. Nada hagan por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada uno, no su propio interés, sino el de los demás. Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo” (Filipenses 2,1-5).

Agradecemos a nues­tros amigos sacristanes su “servicio escondido y grande”. Su nombre está escrito en el Libro de la Vida, pues las huellas de su acción están en el mismo Santuario de Dios.

Y les deseamos un mejor servicio para el bien de la comunidad y la propia realización de la vocación a la que han sido llamados por Dios en su Iglesia.

¡¡¡Felicidades!!!

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