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Apostoloteca virtual LITURGIA IV. PREPARACION TECNICA
TEMA 11: PREPARAR LA LECTURA

IV. PREPARACION TECNICA

TEMA 11:
PREPARAR LA LECTURA

ORACION INICIAL:

Entre todos preparan un altar para la Palabra de Dios, con todos los elementos que quieran y tengan a la mano. Al final se preguntan: ¿Qué es más importante: preparar el altar externo, o preparar el altar interno a la Palabra de Dios? ¿Cómo lo preparamos, en nosotros mismos, y en los demás?

PRIMERO VEAMOS:

En general, la gente lee poco; sabe leer, pero sólo lee cómics o los textos obligatorios de la escuela, muchas veces sin entenderlos. Podemos leer por curiosidad, o para matar el tiempo, o para aumentar la cultura, o para capacitarnos en el trabajo, o para resolver un interrogante, o para discutir con el autor, o para servir a los demás. ¿Cuál será la finalidad de leer la Palabra de Dios a la asamblea litúrgica?

¿Cuáles son los principales defectos que vemos en los lectores? ¿Qué recomendaciones les haríamos? ¿Qué opinas de los que al momento de las Lecturas dicen: "¿Alguien gusta pasar a leer?" ¿O de quien está buscando la página, no tiene el micrófono encendido, o lee una lectura correspondiente a otro día? ¿A qué se deben estas fallas?

AHORA PENSEMOS:

El texto debe ser preparado antes de la Misa. Sólo así evitamos la improvisación, y ofrecemos a Dios nuestra voz para que salve eficazmente a los oyentes.

Cuidar que sea la Lectura que nos propone el Leccionario para este día. No tenemos derecho a sustituir las lecturas según nuestros gustos o elecciones. Debemos tener gran fidelidad a los textos previstos por la Iglesia.

Comprender el sentido del texto y conocer el contexto de la celebración. Me lleno del mensaje que contiene el texto. ¿Qué quiere Dios decirnos de sí mismo, de nosotros como comunidad, de nuestra vida histórica, en esta celebración concreta?

No es fácil leer la Biblia a los demás. Supone que vivimos previamente el texto, con actitud despejada, humilde y objetiva. El lector es el primer destinatario de la Palabra.

Yo no soy el que se irrita, el que consuela, el que exhorta, sino Dios. No puedo leer el texto de modo monótono e indiferente, sino sintiéndome yo mismo interpelado y comprometido interiormente. Y presto mi voz y mis labios al Señor; me dejo convertir en canal del diálogo de Dios con su pueblo.

Pasos de una preparación remota:

Leer el texto, entender su significado, conocer su estructura, pronunciarlo en voz alta o a mediana voz.

Individuar su género literario: lírico, meditativo, narrativo, doctrinal.

Buscar las palabras claves y hasta la frase más importante para resaltarlas (con lápiz en el Misalito).

Leer el libro en voz alta, ante alguien que haga observaciones (hay palabras que mentalmente se leen fácilmente, pero son difíciles de pronunciar).

Técnicas de lectura:

Indicar las pausas (por ejemplo: / = pausa de un segundo (coma, media frase); // = pausa de dos segundos (fin de frase, punto); leyendo pausado y con silencios hace que el sonido llegue al cerebro y cobre significado.

Hacer pausa antes de una palabra que se quiere resaltar; o de un verbo de acción; o de una cantidad expresada en un número grande; o de palabras de paso ("pues", "entonces", "ahora").

Una lectura para una comunidad numerosa o un lugar grande debe hacerse más lentamente, a causa de la distancia y del volumen, aunque haya excelente sonorización.

Cuando hay mucho eco, debe leerse muy lentamente. Cuando hay ruidos que distraen (campanas, trailers, puertas, niños, ambulancias), interrumpir la lectura hasta que pueda escucharse.

Hablar en tono más alto al de la conversación ordinaria, como cuando nos enojamos; y proyectar la voz lejos, hasta el más lejano, como cuando llamamos a alguien; de eso va a depender el volumen.

Evitar la cantinela del alumno de primaria que deletrea o del merolico que vende, para dar la debida entonación, sabiendo que es interesante lo que anunciamos, evitando mantenerse en agudos o graves.

Vocalizar bien, pronunciando distintas las vocales y sin omitir sílabas ni terminaciones.

Atención a la pronunciación de las "b", "c" y las "p" que golpean el sonido como disparo; de las "s" que silban; de las terminaciones "ado" que se convierten en "ao", de los diptongos, etc.

Atender a los acentos para la pronunciación, pues un cambio de acento puede cambiar la palabra. Con un lápiz en el misalito puede señalarse el acento de la palabra que no se conoce bien, sobre todo nombre propios.

Colocar el micrófono a la debida altura. No soplarlo, sino buscarle el botón de encendido, dar un golpecito a la base para asegurarse que funciona.

Leer del Leccionario, no del Misalito ni de la hojita. El libro abierto en la página debida y bien asegurado.

Leer recto, apoyado sobre los dos pies, las manos apoyadas sobre el atril. Preferible levantar el libro con una mano que estar agachado.

Respirar lento, profundo, abdominalmente. Mira con calma a la asamblea antes de iniciar, para tomar posesión del auditorio. Con un dedo puede indicar dónde va leyendo, para mirar al público y no perderse.

Las indicaciones en color rojo son como las señales de tráfico: el punto es la luz roja; la coma es la luz amarilla.

Conviene escuchar las indicaciones y correcciones fraternas de otros.

LUEGO ACTUEMOS

Realizar por grupos o binas los siguientes ejercicios:

- Leer un texto y luego cerrar el libro y decir su contenido con sus propias palabras.

- Leer un texto con una pluma en la boca o un cigarro, para mejorar la vocalización.

- Cantar un texto procurando que la voz salga desde el estómago.

- Leer un texto bien, y luego, cambiarle las vocales: primero pura "a", luego pura "e" y así sucesivamente.

- Frente un espejo decir las vocales para ir viendo la diferencia en el acomodo de la boca.

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