
BIBLIA
LA BIBLIA, PALABRA VIVA Y PRENNE DE DIOS
Al tener la Sagrada
Escritura al alcance de nuestra mano, estamos en posibilidad
de abrirla y leerla. Pero ¿todas las lecturas son igualmente
fructuosas? ¿Con qué actitud debemos leerla los cristianos?
La Sagrada Escritura no es un libro cualquiera; en la
Biblia tenemos la palabra viva y perenne de Dios.
Cuando la tomamos en nuestras manos
no lo hacemos pensando que es un libro de historias
o doctrinas, sino un medio por el cual el Espíritu Santo
nos revela lo que es Dios.
¿Cada cuándo lees la Biblia? ¿Qué
sucede cuando la lees devotamente?
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Cuando observas a uno de la familia
leer la Biblia, ¿qué proceso sigue? ¿Con qué intención
la lee?
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¿Consideras que en el templo y en
reuniones de grupos se hace una lectura cristiana
de la Biblia?
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¿Qué tanta convicción hay entre las
personas de que "desconocer las Escrituras es
desconocer a Cristo"?
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¿Sientes que tus sacerdotes tienen
un gran entusiasmo porque se conozca y ame la palabra
de Dios?
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¿En qué se nota que hay hambre de
la palabra de Dios?
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Comenta con las personas de a lado tus respuestas a las anteriores
preguntas.
2. Escuchamos
la palabra de Dios
Conscientes
de que Dios quiere comunicarse con nosotros a través
de su Palabra que es "viva y eficaz", nos
preparamos a escucharla con el canto:
"Es fuerte, Señor, tu palabra"
Es fuerte, Señor, tu palabra;
ella me salvará;
tu palabra, Señor, me vivifica;
espero en tu palabra, Señor.
Proclamación de Isaías 55,6-11
Volvemos a leer personalmente el texto
sagrado, reflexionamos en silencio y leemos las notas
que trae la Biblia.
Entre todos tratamos de narrar el texto,
de aclarar dudas y responder a lo siguiente:
¿Por qué el profeta se vale de imágenes
o comparaciones para dar su mensaje?
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¿Qué semejanzas hay entre el agua
y la palabra de Dios?
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¿Qué es necesario para que la palabra
de Dios produzca fruto?
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Nota: ve señalando las frases que te llaman la
atención.
1. Los cristianos estamos llamados
a seguir a Jesucristo tal como se nos propone en los
Evangelios. Este seguimiento de Jesús supone conocerlo
de forma vital y experiencial en el contacto con El
a través de las Escrituras y de la Eucaristía.
Es una bendición para la Iglesia el
número creciente de fieles que tienen diariamente en
sus manos la Sagrada Escritura, a fin de adquirir, por
la lectura y meditación de los sagrados Libros, el sublime
conocimiento de Jesucristo, "pues desconocer las
Escrituras es desconocer a Cristo" (Cf. Flp 3,8).
2. Gracias a la voz profética del Concilio
Vaticano II, la Biblia ha vuelto a ocupar el lugar que
le corresponde en las familias de los creyentes. La
historia nos narra que por varios motivos se había alejado
a los fieles del contacto con la palabra de Dios y con
ello del "sustento y vigor de la Iglesia, firmeza
de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida
y perenne de vida espiritual" (DV, 21).
3. En la medida que la Biblia ha ido
tomando su lugar central en la vida cristiana, también
se ha ido consolidando una especial actitud ante Ella:
se ha tenido el cuidado, en los grupos bíblicos, de
mantener un contacto existencial; es decir, que parte
de la vida y lleva a la vida. ¿Cómo describir en pocas
palabras esta actitud de partir de la vida y llevarla
a la vida? Lo podemos expresar en tres actitudes básicas:
acercarnos a la Palabra de Dios desde una metodología
vital y comunitaria; enseñarnos a descubrir desde Ella
la realidad de la historia de la salvación; iniciarnos
en un acercamiento orante y contemplativo.
4. Las tres anteriores actitudes son
fundamentales para una lectura correcta y provechosa
de la Biblia. ¿Será fácil hacer caso de ellas y ponerlas
en práctica? Ciertamente no. Por eso con toda sinceridad
hay que afirmar que aunque hoy en día existe más contacto
con la Escritura, sin embargo, en muchos casos, se carece
de un atento y adecuado asesoramiento, lo que trae como
consecuencia que la Palabra no produce el fruto que
debiera en el corazón de los fieles y en la comunidad
cristiana. Comentemos brevemente cada una de estas tres
actitudes básicas:
5. Acercarnos a la lectura y meditación
de la Biblia con una metodología vital y comunitaria.
Cuando tenemos presente que la Biblia nació, por la
inspiración del Espíritu Santo, de la experiencia profunda
de fe del pueblo de Israel, un pueblo elegido y guiado
por Dios, y que en la fe se esfuerza por responderle
a Dios en medio de todos los acontecimientos de la historia,
entonces nos es muy fácil caer en la cuenta que para
una lectura fructuosa de la Biblia se necesita la vida
y la comunidad.
6. La Biblia nació mezclada con la
historia del mismo pueblo que, día a día, buscaba ser
fiel a Dios y a sí mismo. Ellos pensaban: lo que sucedió
en el pasado nos enseña a vivir hoy, nos sirve de ejemplo
para ver si estamos viviendo como quiere Dios. Toda
persona, al leer con fe la Biblia, cae en la cuenta
de que lo que sucedía en la vida del pueblo de Israel,
ocurre también en la historia del propio pueblo y de
otros pueblos: guerras y luchas para sobrevivir libres;
explotación, peleas entre hermanos, desierto, exilio,
alejamiento de Dios, errores, pecados, etc.
7. Es ésta la razón por la que cuando
leemos y meditamos la Palabra experimentamos que es
siempre actual, porque cualquier narración bíblica,
puesto que es una experiencia de fe, nos permite analizar
nuestra propia experiencia de fe, llegando a la certeza
de que contamos con la presencia y acompañamiento del
mismo Dios que estuvo cercano con Israel y le ayudó
en su caminar hasta llegar a Cristo.
8. Nuestra vida cristiana está entretejida
de "gozos y esperanzas, tristezas y angustias"
(GS,1), y la palabra de Dios es la luz que guía nuestros
pasos en este caminar comunitario. La Biblia es la que
va a dar sentido a la vida y será la que nos motive
a llamarnos y comportarnos como hermanos.
9. Enseñarnos a descubrir desde la
Biblia la historia de la salvación. La Biblia es la
clave para ayudar a comprender el verdadero sentido
del hombre, del mundo y de la historia. En la Escritura
encontramos la verdad sobre Jesucristo, sobre la Iglesia
y sobre el ser humano (Juan Pablo II, Discurso inaugural
de la Asamblea de Puebla).
10. Entre los cristianos no siempre
hay un conocimiento amplio de la persona de Jesucristo
y su obra. Esto puede suceder, porque falta un contacto
asiduo con la Escritura. Una formación sólida entre
los cristianos debe centrarse en el conocimiento de
Jesús de tal manera que "ilumine los ojos de su
corazón, para que conozcan cuál es la esperanza a que
han sido llamados, cuál es la riqueza de la gloria otorgada
en herencia a su pueblo, y cuál la excelsa grandeza
de su poder para con nosotros, los creyentes, manifestada
a través de su fuerza poderosa" (Ef 1,18-19).
11. Sólo con una atenta y asidua lectura
y reflexión bíblica seremos capaces de percibir a Cristo
como el centro de la historia, ya que la historia de
Israel tiende hacia El y la del Nuevo Pueblo de Dios
parte de El. Toda la Escritura tiene a Cristo como centro.
12. Pero también nosotros hoy formamos
parte de esta historia, y estamos llamados a construir
una historia salvífica, aceptando la invitación de Cristo
y comportándonos como sus auténticos discípulos puesto
que "fue voluntad de Dios el santificar y salvar
a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna
de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que
le confesara en verdad y le sirviera santamente"
(LG,9).
13. Los cristianos somos el Pueblo
de Dios, un pueblo que hacemos historia y, gracias a
la presencia de Dios, esta historia se convierte en
una historia salvífica, porque en comunión con los pastores,
aparecemos una Iglesia más corresponsable, más cercana
a la realidad, más profética, más preocupada por los
pobres, con una vida de mayor comunión y fraternidad
y más abierta a la acción del Espíritu Santo.
14. Iniciarnos en un acercamiento orante
y contemplativo a la Escritura. La Escritura no es solamente
un texto que debe ser leído de acuerdo a las orientaciones
que sobre la interpretación ha dado la Iglesia; es también
un medio privilegiado de comunión y comunicación con
Dios. Una lectura de la Biblia hecha con estas actitudes
es lo que se ha llamado en la historia de la Iglesia
la Lectio divina.
15. Este acercamiento a la Biblia ha
sido para los cristianos un medio muy valioso para intensificar
la vida espiritual, porque se insiste en que no hay
que tomar a la Biblia como un libro de historia o de
doctrina, sino como un libro por el cual el Espíritu
Santo revela, en la existencia concreta, la voluntad
de Dios. Desde la época de los Padres de la Iglesia
se ha hablado de este acercamiento existencial a la
palabra de Dios, al indicar los diferentes grados de
profundización: lectura, meditación, oración y contemplación.
Cada paso significa una interiorización mayor de la
palabra de Dios.
16. No cabe duda de que debemos insistir
aún más en una lectura contemplativa de la Palabra para
estar en mejor sintonía con este patrimonio de la Tradición
de la Iglesia; "en esta revelación, Dios invisible,
movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata
con ellos para invitarlos a recibirlos en su compañía"
(DV,2).
Por eso el Concilio Vaticano II, al
recomendarnos a los cristianos la lectura asidua de
la Biblia, señala que debe estar acompañada de la oración
"para que se entable el diálogo entre Dios y el
hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos
cuando leemos sus palabras" (DV,25).
Ciertamente la Escritura es el libro
más rico en experiencias de oración; porque fundamentalmente
es la historia del encuentro de Dios con los hombres
que se abren a El en la contemplación y el amor.
Al realizar esta lectura vital de la Biblia, caigamos
en la cuenta de que entramos en contacto directo con
Dios en la trama de una vida personal y es allí donde
recibimos la luz para conocer la voluntad de Dios y
la fuerza para cumplirla de acuerdo a nuestra vocación
y misión en la Iglesia.
Anota los tres pensamientos más importantes
de lo que se ha reflexionado:
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Anota 3 exigencias del tema de hoy:
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Oración
personal.
Es
el momento de expresar aquello que el pasaje y el comentario
sobre la vida me hace decirle a Dios.
Oración
en común.
Terminamos
rezando juntos el Salmo 29 (28)
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